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El largo relato de Esteban G. y Flavia J. nos había hecho pasar las horas sin darnos cuenta y era bien entrada la mañana cuando advertimos la luz del sol penetrando en la sala de estar. Tan fascinante fue la velada que durante largos minutos quedamos mudos, absortos y todavía pendientes de sus palabras como niños ante el cuento de hadas. Sí, eso me pareció un cuento de y para niños. No había en él nada verosimil; ni siquiera era ciencia-ficción pues al narrarlo como algo realmente sucedido le quitaba el encanto de lo literario. Sin embargo tanto a mi esposa como a mí nos intrigaba saber cómo seguía la historia y esto último lo confirmé al decir mi mujer:

-Muchachos, deberíamos reunirnos otro fin de semana para continuar la reunión. Presiento que hay muchas más cosas que contar y me gustaría debatirlas con Uds. pues respeto profundamente sus puntos de vista aunque no esté de acuerdo con ellos.

-Es muy difícil digerir todo esto; nosotros lo comprendemos pero deberían escuchar hasta el final antes de abrir juicio definitivo. No olviden que todos somos escépticos; los cuatro consideramos siempre los relatos de OVNIS como fantasías o fraudes. Pero hay una serie de interrogantes que deberíamos dilucidar previamente. ¿La seguimos otro día?- Acompañando la pregunta con la acción Esteban G. se levantó para buscar su chaqueta en el dormitorio, mientras Flavia J. se dirigía hacia el baño.

 

 

Durante varios días tanto mi esposa como yo ignoramos lo sucedido ese sábado. Nuestras ocupaciones impedían un encuentro relajado o quizá no nos interesase ocupar nuestras mentes con quimeras. Bastante teníamos con la realidad cotidiana en un mundo humano complejo y hostil como para agregar a unos "euras" totalmente ajenos e insensibles. Esta última idea comenzó a girar en mi cerebro. Seres carentes de sentimientos y de emociones; no son formas de vida; sólo las máquinas pueden ser así. Sin embargo..., las plantas son formas de vida....., y no tienen emociones pues carecen de sistema nervioso central aunque sea rudimentario como el caso de los peces. Pensé de inmediato que algunas personas les hablan a las plantas y que inclusive les hacen escuchar música imaginando que ellas comprenden; si bien puedan reaccionar por estímulos sonoros ello no significa que entiendan algo. Bueno en rigor tampoco los peces entienden; la reacción a los estímulos es muy primitiva en ellos. Esta idea me llevó a los comienzos de la vida en el planeta hace tres mil quinientos millones de años con las formas más elementales: los virus y luego las bacterias y la subsiguiente evolución en la primigenia "sopa orgánica". Parecía que el relato de mis amigos había dejado una diminuta semilla pues sin darme cuenta comencé a investigar sobre diversos temas. Por ejemplo la biología. Todo este bagaje de conocimientos me permitió poder intervenir activamente en sucesivas reuniones y además mi esposa se "contagió" del virus del saber; ambos completamos y reanudamos estudios del pasado. Teníamos otra pareja amiga que no compartían muchas de las ideas nuestras pero como eran excelentes personas los invitamos un domingo a una tertulia con Esteban G. y Flavia J.

Ese día rápidamente advertí mi error, pues fue evidente el desagrado de Esteban G. y Flavia J. al llegar a nuestra casa y ver a los otros amigos. Sin embargo el humanismo de ellos se manifestó de inmediato al resignarse y al no demostrarles a María y a José (nuestros otros amigos) su malestar. Un rasgo característico de la buena persona es la tolerancia. Aunque con habilidad tanto Esteban G. como Flavia J. eludieron hábilmente el tema que nos estaba ocupando. No obstante conviene saber lo charlado en esa reunión pues ayuda a comprender mucho mejor lo anterior y lo posterior del relato de Esteban G. y Flavia J..

-Uds. son creyentes ¿verdad?- Lanzó como un dardo Esteban G. pero con una amable sonrisa que suavizó la pregunta.

-¿Te refieres a creer en Dios?- Respondió María con candorosa inflexión en la voz.

-Sí. ¿Y cómo te lo imaginas?- Prosiguió Esteban G. manteniendo la sonrisa.

-Yo soy católica y José es judío pero no tenemos problemas pues cada uno practica su rito con "liviandad"; no somos fanáticos. Yo voy a misa todos los domingos y José va al templo cuando lo desea. Me imagino a Dios como un ser sobrenatural, omnipotente y creador de todo el universo..., más o menos como se lo imagina todo el mundo... ¡Qué te puedo decir! Dios es Dios. El ser supremo. Algo tiene que haber. Si no ¿quién hizo el universo?-

Hubo un corto silencio. Esto me permitió darme cuenta que Esteban G. apuntaba hacia algo. A través de un lenguaje metafórico dialogaría conmigo y mi esposa diciendo cosas de vital importancia para nuestra cuestión. Luego en el repaso de todo el material confirmaría lo que intuí en ese instante.

-Todo el mundo cree en Dios; hay distintas religiones pero todos creen en un ser supremo-. Acotó José ya interesándose en la cuestión quizá con ánimo de promoción.

-Es verdad. La inmensa mayoría de la gente tiene algún tipo de creencia religiosa o al menos cree en un dios hacedor de todo; podríamos decir que el noventa y cuatro por ciento de las personas. Yo llamo a ese sentimiento (o si Uds. quieren, idea): religiosidad difusa. El seis por ciento restante son los ateos propiamente dichos, es decir, los que rechazan la idea de dios. En la mayoría digo difusa porque algunos son más creyentes que otros pero todos tienen la idea de algo superior-. Manifesté tratando de colaborar con Esteban G. y sin herir la susceptibilidad de los amigos.

Mirándome significativamente Flavia J. preguntó al grupo:

-¿Y no les llamó la atención que casi todos tengan la misma idea? La idea de un dios es algo que casi todos toman y muy pocos discuten. Pueden pelear por religiones y por la supremacía de cada una. Irlanda es un ejemplo o las guerras santas del islam o a lo largo de la historia las múltiples guerras religiosas entre católicos y protestantes; cada religión se dice la verdadera pero eso es una cuestión de poder, yo destaco la simple idea de un dios que casi no se polemiza. Se toma como algo natural su creencia. Son muy pocos los autores que planteen la creencia en un dios como un dato fundamental a debatir pues hace al meollo de la condición humana. ¿No es insólito este hecho?-

-Yo no lo veo tan chocante-. Afirmó con gesto de extrañeza José.

-Si todos creen será entonces porque existe-. Pontificó María.

-Precisamente-. Dijo con firmeza, en un tono raro y enigmático, Flavia J. acariciando su mentón en un gesto típico.

-¡Cómo que existe, si Uds. dos son ateos!- Exclamó estupefacto José mirando a Esteban G. y a Flavia J. sin entender nada.

Hubo un instante de silencio. Yo comenzaba a dilucidar hacia dónde iban mis amigos. Recordé nuestras charlas sobre mi teoría de los granos de arena y la, según palabra textual de Esteban G., derivada teoría de los niveles. Aquí empezaba a comprender cómo se complementaban ambas teorías.

-Sí, somos ateos. Pero ésa no es la cuestión. Imaginemos que por alguna causa desconocida todos los seres humanos nos extingamos como especie. Tal supuesto no es tan estrafalario pues ya sucedió anteriormente con otras especies y todos nosotros recordamos a los dinosuarios, por ejemplo. De su existencia no caben dudas pues sus restos fósiles fueron encontrados bajo tierra e inclusive se hallan exhibidos en los museos de ciencias naturales de todo el planeta. Bien, los dinosaurios se extinguieron hace alrededor de 65 millones de años. Los científicos consideran dos tesis sobre este hecho: o el estallido de una supernova más o menos cercana que produjo radiaciones que afectaron la atmósfera terrestre o el impacto de un cometa gigantesco que levantó hacia la atmósfera un polvo tan denso que afectó la vida de varias especies vegetales y animales, entre ellas los dinosaurios. Bueno, imaginemos que ahora nos extingamos nosotros, los "homo sapiens"...- Todo esto lo fue diciendo Flavia J. con marcado tono triste y una inflexión en la voz que no alcancé a interpretar acabadamente.

-Eso no puede pasar nunca. Dios no lo permitiría-. Aseveró muy convencida María.

-Como puedes asegurar eso. ¿Acaso tú conoces los proyectos de ese tú dios? Te recuerdo que la mayoría de las religiones contemplan un fin del mundo con premio de vida eterna para sus adeptos y castigo de sufrimiento también eterno para los herejes o malvados. Esta escatología es casi universal en las creencias. ¿No es extraño también esto?- Prosiguió implacable Flavia J.

-Bueno, los que creemos en una vida más allá de la muerte tenemos asegurada la vida eterna y al menos en ese mundo junto a Dios no nos extinguiremos. El hombre, como la obra de Dios más perfecta, es su especial criatura y nos dotó de un alma eterna que jamás podrá extinguirse. No somos animales somos seres superiores dotados de un alma inmortal que vivirá eternamente-. Completó María con decisión y total convencimiento.

-Tú lo has dicho-. Sintetizó Esteban G. mirando primero a María y luego a mí con ojos penetrantes que lanzaban saetas de profunda significación.

 

 

La especie superior determina su "universo" y delimita los confines de la especie inferior manejándola a su arbitrio. Nuestro "universo" humano incluye toda la cultura, creencias, arte, ciencias y tecnología; fijamos pautas y nos ponemos de acuerdo en ordenar todo conforme a esas reglas. Con que sutileza fue haciéndole decir a María todo lo que su dios puede hacer. Los dioses en que creemos los humanos forman parte de nuestro "universo"; nosotros los hemos creado pues les fijamos los límites y decimos que deben hacer aunque usemos la metáfora de la verdad revelada. Nosotros decimos que hay un alma inmortal; somos la especie superior en el planeta y por ende los demás animales no tienen alma ni vivirán eternamente; ellos sí pueden extinguirse como especie, nosotros (nuestra alma) no. Dios es eterno, nuestra alma también lo es.

¿Que pasa si una especie superior biológica y tecnológicamente se entrecruza con nosotros y por ende nos determina?

Todo nuestro "universo" lógico se desmoronaría.

¿Ocuparíamos el lugar que ahora tienen los otros animales del planeta con respecto a nosotros?

 

 

Se hacía urgente reunirnos con Esteban G. y Flavia J. a solas para escuchar la continuación de su ahora excitante relato.

No obstante por diversos motivos no fue posible concretar un nuevo encuentro y fueron pasando los días hasta caer en el olvido. En realidad tanto mi esposa como yo teníamos temor de conocer a fondo la historia pues sabíamos del raro encanto emanado de lo fantástico y cómo la sugestión puede inducir sin uno advertirlo. Todas las leyendas comienzan por relatos inofensivos basados en algún aspecto de la realidad y luego se transforman en relatos falsos pero aceptados. Un ejemplo es el mito de Adán y Eva; todavía hay muchísimas personas que lo utilizan como si hubiera sido real. La evolución biológica no es una teoría ya es un hecho comprobado por todo el registro fósil. Incluso hay una ciencia: la paleoantropología que investiga la evolución humana.

Una tarde transitaba por una plaza, cortándola en diagonal para ganar tiempo, cuando veo sentada en un banco leyendo a Flavia J.. Su hermosa figura se recortaba nítida y el contorno de sus piernas blancas destacaba por el vestido negro que lucía con singular donaire. Ligeramente recostada parecía absorta en su lectura. Un instinto primario me acercaba hacia ella pero no deseaba interrumpirla. Quedé dubitativo un instante a pocos metros de donde ella se encontraba. Flavia J. levantó su vista y fijó sus ojos de color castaño claro en mí. No manifestó sorpresa por el casual encuentro. Más bien tuve la sensación de que me estaba esperando. Me senté a su lado y ella, amablemente, dejó su libro marcando previamente la página; puede observar que se trataba de un texto sobre química del cerebro.

-Hace un momento estaba pensando en tí..., en Uds...-. Corrigió con un rubor en sus mejillas Flavia J.

-Yo también y sobre todo en tí, pues estuve estudiando paleoantropología y hay una idea que me intriga-. Dije no dándome por enterado de su escarceo tan típico en ella y con la intención de adelantar algo de su historia.

Ella pareció advertir mi designio y cortó desde el inicio toda posible indagación con un: "dejemos la continuación del relato para cuando estemos todos juntos..., entre Esteban y yo lo hacemos más completo y el asunto es muy serio como para tomarlo en forma liviana..."

-Se trata de otra cuestión.- Repuse con tono cordial y agregué: -¿Recuerdas cuando mencioné mi teoría de los granos de arena? Bueno, Esteban considera que la teoría de los niveles sería complementaria. ¿Verdad? Yo estuve meditando sobre nuestros ancestros prehomínidos. Concretamente sobre los australopithecus; tú sabes que hace poco tiempo se encontraron nuevos restos de esta especie seiscientos mil años más antiguo que la famosa "Lucy". Este nuevo aporte lleva a unos cuatro millones cien mil años la antigüedad de esta especie que se considera antecesora y en línea directa del homo erectus y por ende del sapiens. Me pregunto ¿qué pasaría si un ejemplar de australopithecus anamensis, el último encontrado que mencioné antes, estuviera vivo entre nosotros? ¿Qué haría al ver todo nuestro mundo actual? ¿Cómo reaccionaría ante la apabullante tecnología? ¿Qué haría al ver una ciudad con los enormes edificios y los automóviles? ¿Qué haría al observar un aparato de televisión? y ¿cómo respondería al ver allí un filme con animales de su época animados con programas de computación? Esto último, que él vea su entorno dentro de una caja luego de haberlo paseado por la ciudad, sería quizá la causa de su colapso cardíaco. Claro, todo es pura ficción, jamás podríamos tener entre nosotros un australopithecus grácil, robustus, afarensis o anamensis; eso lo entiendo pero planteo ¿qué pasaría por su pequeño cerebro y la enorme distancia, cuatro millones cien mil años, entre su "universo" y el nuestro?; así la teoría de los niveles se hace más entendible y se podría captar mejor el "universo" de los "euras"-. Esto último lo comenté con el evidente empeño de volver a toda costa al asunto plato volador y "euras" que comenzaba a interesarme por el suspenso del relato.

Con un movimiento de su hermoso cuerpo y un mohín adorable de su boca la guapa bióloga contraatacó: "no insistas..., de los "euras" hablaremos en otra reunión, pero lo que tú supones es trascendente y debemos analizar algo. Primero, te equivocas cuando afirmas que es pura ficción tener un australopithecus entre nosotros y segundo, aciertas cuando planteas lo que pasaría por su pequeño cerebro: lo mismo que nos pasó a Esteban y a mí con los "euras"..."

-Justo lo que yo quiero decir. Una diferencia biológica y tecnológica de cuatro millones de años es abismal. Veo claro que son dos "universos" distintos y distantes; no hay nexo o puente entre ellos y .....

Aquí la voz cantarina de Flavia J. me interrumpió para acotar: "al entrar en la era científica y tecnológica los tiempos se aceleran en proporción geométrica: ahora cien años de tecnología pueden significar tres millones de años de evolución biológica. Piensa en la vida cotidiana de los últimos veinte años y relaciónalos con la vida cotidiana en la Edad Media; y no solamente me refiero a los "autos de fe" donde la "santa" Inquisición quemaba vivos a los librepensadores como Giordano Bruno..."

-.......no comprendo- (proseguí ligeramente fastidiado por la interrupción pero sonriendo por la vena sarcástica de la seductora científica que evocaba siempre al magnífico Giordano Bruno, uno de los mártires de la humanidad) -cuando pretendes insinuar el tener un australopithecus vivo ahora. Yo lo planteé como una hipótesis para trabajar sobre ella; no estoy loco como para ver eso como una realidad-. Concluí yo también con mi sarcasmo.

Pero era evidente que mi estupidez era acorde con mi ignorancia y en el juego de las ironías Flavia J. me ganaba por varios cuerpos... [Prevengo al lector que en esto no hay alusión a mi admiración por el cuerpo de la bella Flavia J. pensaba en el dicho usual de las carreras de caballos ¿o no?; ..., pero ¡si yo nunca fui a un hipódromo! Huy... ¡Qué embrollo! Mejor continúo pues corro el riesgo de transformar esta narración en una obra erótica y me puede pasar lo mismo que a Giordano Bruno].

-Toda la información que se necesita para construir un ser vivo se halla en la molécula maestra de la vida en la Tierra el ADN (ácido desoxirribonucleico); tú sabes que tiene la forma de una escalera de tipo caracol según una hélice con escalones ubicados en cuatro partes distintas y que forman las cuatro letras del código genético. Los escalones, llamados nucleótidos, deletrean los mandatos hereditarios para hacer un organismo; cada forma viva tiene un grupo diferente de estas instrucciones o mandatos pero están escritos básicamente con el mismo lenguaje. La disparidad entre los organismos se debe a la diferencia que existe en las instrucciones de ácido nucleico. Y aquí viene el meollo del asunto, mi querido amigo, una mutación es un cambio en un nucleótido, este cambio es copiado y se transmite entero a la siguiente generación. Las mutaciones en los nucleótidos se producen por azar. Si la mutación se mantiene, lo cual es muy difícil pero no imposible, es lo que provoca e impulsa la evolución biológica. Son procesos aleatorios y lentos pero la evolución es un hecho de la realidad. En los restos fósiles que encontramos también existe la molécula de ADN y por ende con toda la información genética del ser al cual pertenecen dichos restos. Si tuviéramos los medios tecnológicos adecuados, podríamos reconstruirlo y volverlo a la vida. Por eso que el supuesto que tú planteaste hace un momento podría ser factible pero con una tecnología de por lo menos un millón de años superior a la nuestra, calculando y proyectando por computadora nuestro desarrollo actual-. Describió detallada pero didácticamente la sagaz bióloga.

-Todo lo que tú señalas es maravilloso y parece "magia"-. Apunté pero con un dejo de ironía que se trasuntó en el énfasis con que pronuncié la palabra "magia" tan refutada por los científicos.

-Eres muy punzante, amigo mío, pero olvidas bastante a menudo que nada es imposible, a lo más algo puede ser altamente improbable, pero todo está en función de la situación y nivel con que se esté experimentando. Hoy en día de un hombre recién muerto se puede extraer semen y colocarlo en su viuda, por ejemplo, con la llamada fecundación "in vitro" o mantener el semen congelado para hacerlo más adelante; ¡qué paradoja crear vida después de muerto! Imagina el conflicto de los religiosos con la cuestión del alma en esta circunstancia: el alma se separa del cuerpo con la muerte, por consiguiente ya no es un ser humano, minutos después se le extrae el semen (al muerto sin alma) y se fecunda a su viuda en el momento o se guarda congelado, para el caso da lo mismo, ¿el embrión es un ser humano con alma? ¡Los sistemas religiosos y la obsolescencia! Parafraseándote imagina a Leonardo da Vinci (en lugar de tu australopithecus); él vivió entre 1452 y 1519 en pleno Renacimiento. Fue un artista y también un científico. Su famoso cuaderno de notas es una enorme "reliquia"- (aquí Flavia hizo un gesto de encantadora y sutil ironía; jugando con esta palabra no podía con su genio y su temperamento, tenaz y contradictor del oscurantismo, se manifestaba a cada instante) -que contiene investigaciones de toda índole y en todos los campos del saber. Hay planos de una máquina de volar. Imagina a sus contemporáneos llamándole loco por su idea de que el hombre pueda volar. Aquí la teoría de los niveles tiene una sutil variante. Los niveles también se dan dentro de una misma especie biológica. Un ser humano como Leonardo, no cabe duda alguna, se halla en un nivel diferente al de la mayoría de sus coterráneos; toda la información, datos, conocimientos, emociones, en fin todo su "universo" tiene con el "universo" de sus contemporáneos el nexo o puente de su obra, entre ella su cuaderno de notas donde anotaba hasta sus gastos e incluso a veces remeda un diario íntimo. El nexo o puente está; que podamos acceder a su nivel depende de nosotros sus iguales en especie-.

-¿Habría niveles entre las especies y subniveles dentro de la misma especie?- Pregunté profundamente interesado en el análisis de Flavia J.

-Algo de eso hay, pero quería llegar a esto: imaginemos al querido Leonardo que apareciese aquí en la ciudad en las postrimerías del siglo XX. Levantando su vista al paso de un avión y luego en el aeropuerto ¿qué ojos pondría al ver aterrizar y salir de la aeronave a personas como él? Sin embargo él ideó un aparato para volar cada persona individualmente, un ingenio tecnológico con alas. Hasta dicen algunos historiadores que echó a volar desde lo alto de una colina dándose un buen porrazo con su artificio. Imaginemos a Leonardo viendo a los deportistas que se echan a volar desde colinas como la suya con las modernas alas delta. Su sueño, su maravilloso sueño del siglo XV-XVI, es realidad en nuestro siglo XX. Para él lo que estuviera viendo no sería "magia"; podría comprenderlo y extasiarse disfrutando de un espectáculo soñado por su imaginación creadora. Si repitiéramos la experiencia con algún coterráneo de Leonardo que lo denostaba peyorativamente con el epíteto de loco- (aquí Flavia J. me miró con sus bellísimos ojos y con punzante mirada irónica; sus últimas palabras: denostaba..., peyorativamente..., epíteto..., loco, las pronunció de manera tan refinada y aplicando un énfasis tan sostenido que me hizo sonrojar porque comprendí de inmediato la metáfora: ese coterráneo de Leonardo era yo ante el relato de Esteban G. y Flavia J.) -ese paisano de Leonardo, sí vería "magia" en las alas delta y dioses en los deportistas-. Rubricó Flavia con un dejo de tristeza en la voz.

Esbocé una sonrisa para mitigar la perturbación y evitar su congoja por mi incomprensión. -Querida Flavia, tú y Esteban son mis amigos desde hace mucho tiempo y sabes cuánto los quiero y valoro. Los cuatro somos personas razonables y tratamos de ser refractarios a los engaños y fraudes de la imaginería. Comprende que un hecho de naturaleza tan excepcional como el relatado por Uds. sea tan difícil de digerir por personas escépticas. Mi esposa y yo no dudamos del sano juicio de Uds., quizá nos falten todavía más datos-. Aquí no pude contener mi curiosidad y mi afán de incitar a Flavia a proseguir con su narración sobre los "euras".

-Pues todo lo que falta es de tal naturaleza y posee una entidad tan escalofriante que, estoy persuadida, tú y tu esposa nos creerán loquitos de atar y valga el juego de palabras-. Repuso Flavia con amarga sonrisa.

 

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