Era muy avanzada la tarde cuando desperté. La tensión de la noche anterior hizo que mi sueño fuera entrecortado pero prolongado. Luego de unos instantes me levanté con parsimonia, quizá todavía no despierto del todo. Me afeité con lentitud y luego me dirigí hacia la cocina para desayunar. Al pasar por la sala de estar lo encontré a Lecón repantigado en un sillón leyendo el diario y al saludarlo con un ademán (yo no estaba despabilado del todo) dijo en voz alta con la vista fija en el papel: -parecería que no hubiese pasado nada pues el diario no menciona el homicidio-. Yo seguí mi camino a la cocina para preparar alguna infusión y comer tostadas con mermelada; desde allí le contesté: -es lógico pues los diarios salen al amanecer y el homicidio habrá sido dos o tres horas antes; además yo pienso que va a ser ocultado. Ni siquiera mencionará la fiestita; recuerda que fue privada. Quizás alguna revista de chismes diga algo en los próximos días-.
-Amigo, son las diecisiete. El diario es vespertino, tuvieron todo el tiempo del mundo. Es evidente que el homicidio no fue denunciado. ¿Qué hacemos con Hugo?- Preguntó Lecón desde su sillón.
En una bandeja puse dos tazas y una fuente con tostadas; platitos de dulce y dos recipientes con té y con leche completaron el desayuno, bueno en realidad sería la merienda conforme a la hora pero para mí era la primera comida del día. Al aparecer yo en la sala, Lecón dejó su diario y mirando la bandeja tan completa y bien servida rió dando palmadas sobre la mesa.
-¿Por qué tanta risa?- Pregunté medio ofuscado.
-Mírate en el espejo-.
Al hacerlo reí de buena gana yo también: estaba desnudo y no lo había advertido por mi somnolencia, aunque en rigor yo en verano y en mi casa suelo estar desnudo. Todavía no me había acostumbrado a compartir el departamento con otro. Tenía razón Lecón: la imagen de desnudo y con la bandeja era divertida.
Riéndome, fui a mi cuarto a vestirme. Al regresar me senté a la mesa para tomar mi primera taza de té.
-Con respecto a Hugo pienso que no deberíamos decirle nada de lo descubierto-. Contesté la pregunta pendiente, luego de la bufonada.
-Yo considero lo mismo pero me gustaría conocer tus razones-. Dijo Lecón tomando una tostada y cubriéndola de dulce.
-Al mandarnos a la fiesta él debe saber algo que nos está ocultando. ¿Cómo es posible que semejante escondrijo le pase desapercibido? Por más rápido que se pueda construir una mansión con esos materiales, el sótano requiere una gran excavación que no puede realizarse en días-. Aseveré en tono preocupado.
-El hueco en la tierra podría haber sido hecho antes por algún motivo diferente; por ejemplo construir los cimientos de un edificio y luego abandonar la edificación. Sin embargo presiento que se puede hacer una excavación como ésa en horas con tecnología de avanzada. Inclusive toda la mansión y su sótano en muy pocos días es factible lograrla y aun transportarla a otro sitio en breve lapso. Aquí hay algo muy extraño, Javier-. Afirmó Lecón sirviéndose la segunda taza.
-Hugo nos mandó allí para hablar con personas y nosotros no hablamos con nadie. En cuanto a personas no sabemos nada pero en cuestión de organización delictiva sabemos mucho. Lo que descubrimos tiene una enorme trascendencia pues se trata de una gigantesca estructura combinando drogas y armas: los dos flagelos más grandes en estos momentos de la humanidad. Son la herramienta de la muerte y es claro y evidente que hay complicidad de muchos en el ámbito oficial de todos los países. No se puede hacer lo que hacen los traficantes de drogas y de armas sin el consentir de personas con influencia en el poder. Coincido contigo, aquí hay algo muy raro-. Manifesté untando una tostada y sorbiendo luego mi té con leche.
-¿Qué le diremos a Hugo entonces?- Demandó Lecón en un intervalo entre la segunda y tercera taza de té con leche.
-Que la fiesta fue una orgía y que nos fuimos por no poder hablar con la gente pues estaban drogados. De esta forma lo ponemos en conocimiento de que había drogas allí y si él nos oculta algo verá que nosotros sabemos al menos el consumo de drogas en la mansión-. Propuse comiendo mi última tostada con mucho dulce y echándome en un sillón cabizbajo.
Lecón también estaba pensativo pues no le gustaría, como a mí, ocultarle a Hugo nuestros hallazgos pero no había otro camino. El asunto se ponía cada vez más complejo y los sutiles hilos del poder podrían obstaculizar nuestra investigación si informábamos ya.
-Tengo una curiosidad. ¿Cómo te las compusiste con la muchacha que te llevó a la planta alta?- Pregunté para divagar un poco y suavizar la tensión.
-Presiento que hice lo mismo que tú. La mujer era una maravilla pero si tomaba todas las copas que me ofrecía hubiese perdido el control; obvio que su intención era ésa. El problema fue sacármela de encima. Una vez en el dormitorio comenzó a desnudarse. Yo estaba enardeciéndome pues ella me acariciaba los genitales con cada prenda que se quitaba. Antes de que mi excitación fuese incontenible opté por emborracharla pues había una botella de champaña en un rincón. Ella por momentos sospechó de mi accionar pero yo la besaba mientras a su espalda tiraba en una maceta el contenido de mi copa. La muchacha al ver siempre mi copa vacía habrá pensado que estaba ingiriendo mi champaña y eso puede haberla tranquilizado pues se abandonó a mí. Yo seguía besándola y acariciándola esperando el efecto del alcohol sobre su hermosa cabecita. Hubo un momento de suspenso cuando ella se tumbó sobre la cama y no tuve más remedio que echarme encima. Si bien yo estaba con toda mi ropa ella, con gran habilidad y profesionalidad, intentó correr el cierre del pantalón y fue en ese instante que la enorme cantidad de alcohol que había tomado hizo efecto y se quedó dormida antes de concretar la cópula. Te aseguro que no sé cómo hice para contenerme y no penetrarla ya que al subir el cierre de mi pantalón rocé su húmeda vagina y mi ardor casi hace eclosión. La dejé durmiendo su borrachera y salí al corredor donde nos encontramos-. Relató su experiencia Augusto Lecón con un suspiro final.
Yo le conté mi aventura y reímos por la común tontera de haber desperdiciado unas mujeres tan exquisitas pero el trabajo era lo primordial; ya gozaríamos cuando concluyéramos el asunto del atentado. Y entonces sí todo el ardor contenido...
-El depósito de armas me preocupa sobremanera. Es inadmisible que eso esté allí y sin conocimiento del gobierno. ¿De quiénes son las armas? ¿Para qué están allí? Así como hay guerras localizadas en Europa y en Africa ¿se pretende hacer lo mismo en Latinoamérica? ¿O son para terrorismo? En este supuesto ¿son para los fundamentalistas y sería el atentado que se prevé?- Se preguntaba Augusto Lecón en voz alta.
-Cabe otra posibilidad-. Dije en tono misterioso.
-Creo que agoté todas con las preguntas que hice-. Replicó Lecón medio molesto.
-Falta el contrabando de armas. Pueden estar allí simplemente para venderlas a los países beligerantes consumidores de esos adminículos. Es el principal negocio junto con el tráfico de drogas. ¿Acaso no lo sabías?- Repuse con máxima ironía.
Lecón estuvo unos segundos mirándome como si hubiese sido sorprendido en grave falta y luego palmeó mi rodilla diciendo: -tienes razón, ese armamento va a ser vendido. Ahora recuerdo que hace algún tiempo un conocido contrabandista estuvo en estos lares haciendo papeleos ilegales para obtener su pasaporte con nuestra nacionalidad y fue pescado in fraganti. No sería nada extraño que hubiese una conexión entre ése señor, el depósito y..., ¡vaya uno a saber quién más!
-¿Quién? ¡Quiénes más bien! Esto no se puede hacer con un sólo contacto oficial, si es que a eso te refieres, debe ser una telaraña...- Reflexioné tomando mi cabeza con honda preocupación.
-Sí, una telaraña. Pero ¿quién será la araña?- Insistió Lecón tomándose el mentón con los dedos índice, pulgar y medio de la mano izquierda y apoyando el codo en su muslo también izquierdo.
Para los dos era evidente que semejante depósito no estaba allí para el atentado que se esperaba.
Varios minutos estuvimos en silencio y cavilando; sin embargo nuestra abstracción significaba que ambos tratábamos de tomar los cabos sueltos de esa ya simbólica telaraña. La imagen de una tela de araña fue haciéndose cada vez más real pues coincidía con mi teoría de la intermediación. El fabuloso mundo del contrabando de armas y de drogas mueve cifras siderales. Es claro y evidente que para efectuarlo, como se hace, es imprescindible la intermediación de personajes con poder y esto sucede en todos los países del mundo sin excepción. ¿Quiénes son estos personajes? ¿Dónde están ubicados? ¿En un solo sitio o en varios lugares? La paga que reciben por su intermediación, o por interponer sus "buenos oficios", ¿es dinero o más poder? Quizás ambas cosas estén intercomunicadas: con dinero se obtiene poder y éste es la ambición máxima de la mayoría de los seres humanos. Siempre me pregunté para qué pero hay una pregunta anterior: ¿por qué? Sí, ¿por qué se ambiciona el poder? Mi respuesta es porque teniendo poder, es decir manejar a otras personas a su arbitrio, el ser humano se siente supremo, es decir un dios real no ficticio como el que tiene en su cerebro cuando lo imagina. Ahora, ¿para qué el poder? Para cumplir una orden genética: ser ese pequeño dios. Muchas veces ese deseo de poder está disfrazado con racionalizaciones altruístas (los que "hacen" para los demás ocultando, sin darse cuenta, su verdadero objetivo egoísta). Esto último sucede con las ideas religiosas y con las ideas políticas. En el caso de la codicia económica, es decir querer bienes para sí, es más directo el objetivo de lograr poder ya que no hay disfraz altruísta; podríamos expresar que es menos hipócrita. Los que buscan el dinero cumplen la orden genética (ser pequeños dioses o semi-dioses) más espontáneamente, quizá sean más confiables que los "altruístas". No obstante la genética nos gobierna..., ¡perpetuemos la especie!
-Tan trascendental como el contrabando de armas es el de las drogas; lo que vimos en la mansión fue terrorífico. Ese sarcasmo de las cajas-libro me aniquiló pues el libro es, por ahora, el símbolo mayor del conocimiento y que sea usado como pantalla de drogas es lo máximo-. Dijo Lecón interrumpiendo mi meditación.
-Quizá fue hecho a propósito como metáfora. Recuerda que muchos consideran el conocimiento como "droga". En el pensamiento oriental lo correcto es la inacción, la quietud y la ignorancia. Lao Tse por ejemplo; yo siempre evoco su cita 65 del "Tao Te Ching" que dice: "Los buenos taoístas de la antigüedad no ilustraban al vulgo (sic), lo dejaban en su ignorancia. El pueblo se gobernará difícilmente si posee muchos talentos. Gobernar con talentos es ruina del Estado. Sin talentos se enriquece el Estado. El conocimiento de esta doble realidad es la verdadera solución"-. Expuse recitando un tremendo pensamiento que muchos practican.
-Cuanto más ignorantes sean los pueblos más se puede extraer del erario. El tesoro público de las naciones, provincias y municipios es una de las presas más codiciadas y más que el Estado, como tú dices que expresa ese Lao Tse, se enriquecen los funcionarios. Para los que detentan poder el conocimiento es una "droga" que debe ser combatida. Para los que intentamos conocer, la ignorancia es la verdadera Droga que se obtiene a través de las otras drogas tanto químicas como psíquicas; pueblo adormecido es fácil de engañar-. Argumentó Lecón levantándose y poniéndose a caminar por la sala.
-Las drogas químicas son una paradoja. Observaste que en nuestro país cuando no se las combatía su consumo era reducido pero ahora que se las combate aumentó enormemente el uso. De país de tránsito somos ahora país de consumo además de tránsito-. Dije mirando a Lecón en su paseo que preanunciaba alguna cuestión.
-El combate a las drogas químicas les sirve de publicidad pues alienta el consumo de lo prohibido. Considero que si se vendiera como el alcohol o como el tabaco, que también son drogas químicas (un vaso de vino mata cinco mil neuronas) bajaría notoriamente el consumo-. Expresó Lecón frenando sus pasos y mirándome con expectación.
-Pero se acabaría el fabuloso negocio del contrabando de drogas-. Refuté con ironía.
-Tienes razón se cortarían los seiscientos cincuenta mil millones de dólares que se comercializan por año en el planeta. Quebrarían muchas empresas y podría ser un colapso. ¡Cuántas honestas fundaciones se hicieron con dinero "lavado" del narcotráfico! En algunos países dichos fondos sustentan comunidades enteras. Y esto sólo hablando de las drogas químicas, imagina lo que podría suceder si las drogas psíquicas (creencias de todo tipo y color que pululan en el cerebro del noventa y cuatro por ciento de los seres humanos) dejaran de actuar: el colapso sería mayor aún-. Manifestó Lecón con sarcasmo y reanudando su ejercicio.
-Abundan los países donde los religiosos forman verdaderas sociedades comerciales que lucran con los aportes de sus feligreses. Tienen programas por radio y televisión (como cualquier sociedad mercantil) y sus dirigentes viven con holgura a costa de la miseria de sus adeptos-. Completé mirando el piso y recordando a los dueños de tantos "rebaños".
-"La culpa no es del chancho sino de quien le da de comer"-. Sentenció Lecón maquinalmente aunque luego intentó corregir ese adagio tan generalizado como erróneo; llegó tarde...
-Error, la culpa y el dolo es de los delincuentes que engañan con sus cantos de sirena. Las ciencias y la tecnología han comprobado sus falsas aseveraciones. Si siguen insistiendo con sus mentiras es o porque son enfermos y por ende deliran o son delincuentes que, además de ser enfermos, dañan. La Justicia debería intervenir; no lo hace por el poder que comentábamos antes. La presión del poder en todos sus matices, económico, político y religioso hace que la Justicia no actúe. Incluso los jueces en todos los países tienen convicciones o creencias de algún tipo que no les permiten ser imparciales. Ni siquiera las pruebas más evidentes lograrían cambiar los preconceptos. Recuerda que las ideas tanto religiosas como políticas tienen una fuerza altamente improbable de contrarrestar por más evidencias que se arguyan. El ser humano es refractario al discurso racional-. Expuse sintetizando largas investigaciones sobre la naturaleza humana.
-Las drogas de todo tipo sirven para ese objetivo y aumenta geométricamente el consumo en el planeta. La cuestión del atentado que estudiamos ¿no estará relacionada con el tráfico de las drogas químicas o de las armas? Hasta ahora la presunción es relacionarlo con las drogas psíquicas, es decir móvil religioso o político y ejecutado por un fanático suicida probablemente fundamentalista pero ¿si no es así?- Teorizó Lecón con lógica impecable.
-Hagamos esto: busquemos por el lado que tú estás sugiriendo. Yo me adhiero a tu tesis. Lo que vimos en la mansión del placer está corroborando que la cosa anda por el lado de las armas y de las drogas químicas. Puede haber un negocio gigantesco y el atentado ser la pantalla o el medio de concretarlo. Lo que no entiendo, por el momento, es porqué si el negocio anda tan bien no siguen así-. Discurrí con voz tenue, medio inseguro.
-Quizá sucedió algo que cambió las reglas de juego-. Manifestó Lecón con su típico tono enigmático cuando está intuyendo algo muy grave.
-¿Un agujero en la telaraña?- Pregunté haciendo uso de la metáfora ya instalada en nuestro trabajo.
-Probablemente no sea un agujero, sino más bien un hilo que zafó de su enganche en algún extremo. Intuyo que puede aparecer la araña para restaurar el enganche suelto-. Arguyó Lecón siempre con la inflexión reservada en la voz.
-Insistes con la trascendencia de la araña por sobre la telaraña. Lo que se extiende es la tela de la araña. La tejedora es secundaria; más aún pueden existir varias arañas-. Repliqué para no perder el hilo (!).
-¿Qué pensarías tú si te dicen que hay un complot de envergadura universal?- Preguntó Lecón.
-Que se trata de una paranoia-. Contesté sin vacilar.
-¿Si ese complot es tácito y no acordado?-
-Podría ser más verosímil-.
-¿Por qué un acuerdo entre personajes te parece paranoia?- Insistió Lecón con seriedad manifiesta.
-No lo sé; sólo lo siento así. No puedo entender la idea del complot universal me parece simplemente paranoia-. Dije en tono intrascendente y sin darle importancia.
-Sin embargo Churchill, Roosevelt y Stalin en la conferencia de Yalta se repartieron el mundo y eran sólo tres personas. Sus actos duraron cincuenta años y presumo que la nueva repartija, con distintos nombres, puede estar peligrando-. Espetó Augusto Lecón haciéndome levantar de un brinco.
Por unos instantes quedé mudo y absorto. Las reflexiones tan categóricas de mi amigo me apabullaron de tal manera que no pude expresar palabras por varios minutos. Sin embargo, luego del estupor inicial, encontré un punto flojo que Lecón no previó.
-El gigantesco negocio es vender drogas químicas y armas para que consuman los ingenuos; el negocio de las drogas psíquicas es para mantener la ignorancia que pregonaba Lao Tse entre otros y poder seguir con el enriquecimiento de los Estados y el usufructo por parte de los que detentan poder. El statu quo está garantizado. Mientras haya drogas, de ambas clases, y armas para los beligerantes no puede pasar nada. Además se combate la droga química dándole publicidad y haciéndola manjar prohibido lo que incita más al consumo por parte de los adolescentes, de los que tienen predisposiciones adictivas y de los inmaduros. Está todo bien, ¿cómo puede peligrar?- Pregunté ya más tranquilo luego de mi salto.
-Yo no dije que puede peligrar el statu quo los que peligran son los dueños del reparto, es decir las arañas. Los "cerebros" en tu jerga. Los dueños del poder pueden ser reemplazados por otros-. Manifestó Lecón.
-¿Guerra de pandillas como en USA en la época de la depresión?- Pregunté con una sonrisa sarcástica.
-Guerra de mafias preparándose para una probable depresión-. Contestó Lecón.
-¿Depresión económica mundial como la de 1929?- Pregunté preocupado.
-Peor, mucho peor-. Respondió Lecón sentándose y echando hacia atrás su cabeza para distender los músculos del cuello.
-¿Sobre qué basas tu aserción?-
-En mi intuición-. Respondió Augusto Lecón lacónicamente.
Ambos quedamos un instante mirando el piso y sin pronunciar palabras. Yo ya había aprendido a respetar la intuición de Lecón pues su mente trabajaba sin pre-juicios, es decir tomaba las cosas sin deformarlas con subjetivismos, su secreto estaba en que miraba donde otros apenas veían y escuchaba donde otros ni siquiera oían. Su máxima habilidad era captar los cabos sueltos de todas las cuestiones y unirlos como en un rompecabezas; en los sutiles recovecos encontraba las analogías de cosas aparentemente inconexas. El llamado sentido común tenía en él a su máximo exponente. Su criterio, a veces, parecía aventurado pero en corto tiempo los hechos confirmaban sus presunciones. Augusto Lecón era un individuo que despertaba confianza a poco tiempo de conocerlo, aunque en este caso...
-¡Estás presagiando una catástrofe!- Exclamé de pronto rompiendo el silencio.
-No soy adivino; puedo equivocarme. Sólo sostengo que existen altas probabilidades de una depresión económica mundial y que las arañas están impacientándose en sus nidos. En casi todos los países del planeta existen mafias que intentan controlar los negocios fructíferos, es decir ambas drogas (la psíquica y la química) y las armas; los adictos consumidores se están matando con las dos drogas (en realidad con la droga psíquica mueren simbólicamente, sólo están adormecidos y anulados) y los adictos consumidores de armas se matan entre sí. Es necesario incrementar el consumo con nuevos adherentes para ir reemplazando a los caídos. Las grandes campañas en contra consiguen con su publicidad crear una aureola de lo prohibido que hace apetecible el consumo pero es imprescindible originar antes el aburrimiento sobre todo en la gente joven. El aburrimiento se consigue muy fácilmente en las sociedades contemporáneas y es la principal causa de que los adolescentes prueben alguna droga. Si hay predisposición adictiva continuarán haciéndolo, en caso contrario quizá dejen de consumir pero como el hastío continúa son la carne de cañon adecuada para generarles una psicosis bélica mediante alguna idea fuerza, generalmente o patriótica o política o religiosa y muchas veces mezcla de todas ellas. En las situaciones bélicas mueren en los combates los jóvenes no los adultos o los maduros. Los jóvenes rápidamente pueden exteriorizar esa psicosis latente; basta con escuchar sus cánticos guerreros cuando se preparan a morir por la patria o por ideas de cualquier tipo; son los héroes... Esto explica como lentamente las mafias de las drogas (de ambas) y las mafias de las armas se están intercomunicando y apoyándose mutuamente. Los grupos armados, por ahora los irregulares, se financian ya con el producto de la venta de drogas químicas (comprobado) y psíquicas (sospechado o intuído). Hay más aún, muchas empresas de todo tipo tanto comerciales como industriales, fueron promovidas con capital derivado del tráfico tanto de armas como de ambas drogas. Entidades bancarias y de seguros son propiedades de estas organizaciones que adquieren carácter legal amparadas por una impunidad manifiesta. Muchos respetable personajes mundiales admiten que sus fundaciones o sociedades fueron creadas con dinero proveniente del narcotráfico aunque justifican sus actos diciendo que por lo menos ahora el dinero se emplea para un fin bueno. La idea es que no importa la procedencia del capital sólo se contempla la finalidad: si ésta es buena, todo vale. Obviamente que esas fundaciones ahora trabajan para hacer cosas buenas, es cierto, pero se construyeron con los cadáveres de los adictos (tanto a las drogas como a las armas). Esos adictos eran enfermos. La selección natural los defenestró: no eran aptos para la supervivencia; sólo que en este caso la selección natural fue ayudada por las mafias traficantes. Surge un nuevo problema: la descendencia de esos adictos tiene una tara genética que lentamente va a ir degradando la especie. En el siglo veintiuno ser joven va a ser un escollo difícil de sobrellevar salvo que se logre eliminar el tedio, nudo gordiano de toda la cuestión según mi intuición-. Concluyó Augusto Lecón con una lángida sonrisa.
La exposición de mi amigo me originó un sabor amargo que costaba disipar a pesar del esfuerzo. Maquinalmente fui a la cocina y traje la bandeja con más té. En silencio revolvía con la cucharita para amalgamar el jugo de limón con el oscuro brebaje; cuando obtuve el color deseado apoyé la cuchara en el plato y elevé la taza que quedó suspendida ante mi boca; mis ojos se recrearon con una partícula del limón que flotaba a la deriva..., me sobresalté..., una idea surgió repentinamente.
-Observa, del limón exprimido quedó esta pequeñísima parte sólida que flota en la superficie de la taza; el jugo se mezcló con el té y cambió el color de la bebida, ahora es té con limón. Sin embargo este ínfimo trocito conserva su carácter sólido y está suspendido en la superficie: flota sin hundirse aún tiene su identidad de limón puro. Pudo aguantar el ser exprimido y sobrevive como partícula de limón. Es para imitarlo ¿no te parece?- Reflexioné con una imagen optimista a mi pesar.
La alegoría nos sumió nuevamente en el silencio. La investigación parecía llevarnos por regiones impensadas.
-Amigo Augusto, te contaré una experiencia que tuve hace muy poco y quizá te ayude a comprender cómo somos los humanos y por ende agregar algo a nuestra investigación. Mientras desayunaba estaba mirando por televisión un programa periodístico. El conductor de la audición, que reemplazaba al titular por vacaciones de éste, se comunicó vía satélite con una importante ciudad del interior del país. La noticia del día era que una señora y su hijita habían concurrido a una iglesia y que mientras rezaban a los pies de una estatua la niña tocó dichos pies y se manchó de un líquido rojo. En la pantalla la doble imagen presentaba al susodicho periodista y a una señora joven con una niña de corta edad. La joven señora comenzó su relato aseverando que el líquido era sangre que provenía de la estatua lo cual fue confirmado por un policía que acudió ante el llamado de ella y del religioso a cargo del templo; prosiguió diciendo la joven señora que el guardián de la ley tomó con su dedo un poco del rojo líquido y llevándolo a su boca probó su sabor constatando, según su entender, que era sangre. Este policía luego se mostró temeroso de haber gustado esa sangre por el problema del sida y solicitó a la señora sus datos para tenerla como testigo por algún problema eventual. En este momento el periodista le preguntó a la niña su edad; cinco años contestó ella y luego le preguntó qué pedía a la imagen; la niñita contestó que le pedía que sus padres no pelearan tanto. La madre se ofuscó levemente ante la respuesta infantil y agregó que sí era verdad que peleaba con su marido sobre todo por cuestiones económicas y de paso se justificó diciendo que la vida estaba muy difícil en el país y eso nos tenía mal a todos. Luego de la digresión el sagaz periodista preguntó a la mujer qué sentía al orar antes del descubrimiento y qué al salir de la iglesia. La señora respondió que le daba pena encontrar siempre la iglesia vacía y que ella pedía a su dios que las personas acudiesen a orar al templo como ella. Agregó que al salir sintió una gran paz y se retiró a su casa con la hija pero que de inmediato llegaron periodistas a entrevistarla y que publicaron toda la historia por radio, prensa escrita y televisión diciendo: "el milagro de la estatua que mana sangre". Comentó que toda esa publicidad ella no la quería pero..., "bueno las cosas son así; el cura me dijo que ahora el templo se llena de gente para ver el milagro de la sangre que sale de la estatua". El astuto periodista hizo otra digresión preguntando a la niñita si ahora (habían pasado varios días del "milagro") los padres no se peleaban; la cándida niña de cinco años contestó: "se siguen peleando igual". La emisora de televisión cortó abruptamente la emisión y comenzó con tandas publicitarias-. Concluí el relato recostándome en el mullido sillón.
Lecón me miró durante un buen rato buscando en mi rostro algún detalle ignoto pero yo permanecí imperturbable esperando sus reflexiones sobre la jugosa narración.
-¿Arreglo económico entre el religioso y la señora por la publicidad?- Preguntó Lecón moviendo ligeramente los labios.
-¿Un policía puede probar presunta sangre así nomás? ¿El temor del sida le vino después?- Al advertir el juego de mi amigo, lo seguí.
-Análisis urgente. ¿Sangre humana o de otro animal?- Siguió Lecón arrellanándose en el sillón.
-¿Peleas en el matrimonio por problemas económicos solamente?
-La paz de la señora al salir del templo sería por satisfacción ¿de qué tipo?- Pregunté con ironía.
-Depende del arreglo ¿y si fue mixto?- Parecía que Lecón hacía hincapié en este punto del acuerdo.
-¿Pago en especie y en moneda?- Proseguí con el punto que intrigaba a Lecón.
-El marido siguió peleando (asevera la nena que no miente) ¿podría no ser en moneda?- Continuó Lecón tomando su rodilla derecha con ambas manos.
-¿No es que era mixto?- Miré a Lecón desconcertado.
-Sexo, moneda o un tercer elemento ¿quizá simples promesas?- Añadió Lecón mirándome fijo.
-¿De trabajo?- Dije pensando en el máximo problema que acucia al país.
-Podría ser aunque es prematuro; no le dio tiempo de concretar ¿más bien promesa de dinero?- Dijo Lecón rascando su mentón.
-Si es mixto ¿promesa y qué más?- No me convencía la mixtura, era demasiado para la joven señora.
-¿Promesa más alguna variante de sexo?- Siguió Lecón obsesionado.
-¿Por qué variante?-
-Con la niña presente mucho espacio no hay ¿no te parece?- Discurrió con razón.
-Comprendo, dedos mágicos ¿verdad?- Expresé sonriendo.
-La paz de la señora lo indicaría-. Aseguró Lecón.
-Seguir peleando con el marido también lo señala-. Afirmé pensativo.
-Lo más importante de todo es que llamaron la atención. El país (y quizás en el exterior) se enteró de la joven señora (que pelea con su marido) y de su hijita que descubrió sangre "milagrosa" en los pies de una estatua. El templo ahora se abarrota de personas que desean ver la sangre. Ese objetivo está cumplido. Esperemos que les dure ¿no te parece?- Concluyó Lecón con ironía en la última frase.
La tonta e insulsa charla, plena de desvaríos y necias suposiciones, sirvió, sin embargo, para resaltar el punto clave: "de cómo llamar la atención" podría titularse el diálogo. La idea "mágica" siempre vigente seduce a las personas por encima de toda otra cuestión. Los "milagros", casi en el siglo XXI, aún se manifiestan con fuerza. La explicación de la paz de la joven señora simplemente podría ser por cumplir su objetivo de llenar el templo; antes la angustiaba su vacuidad (¡la suya de ella y la del templo!).
-Hemos agregado algo valioso: la droga psíquica es un arma poderosa que confluye con las otras armas para anular personas quitándoles el sentido de análisis crítico de la realidad. La repetición de percepciones sensibles va produciendo en la memoria imágenes comunes a más objetos, una especie de noción general, lo que queda en la memoria de la imagen ya percibida; estas nociones previas o prenociones a través de un sutil y complejo proceso de analogía, semejanza, comparación o síntesis de datos sensibles nos llevan a buscar las causas de las cosas o de los hechos; aquí es donde se originan las opiniones o los supuestos. Estas opiniones pueden referirse a un hecho oculto o a un hecho futuro. Averiguar un hecho futuro es muy simple: lo único que se requiere es esperar. En cambio, tratándose de hechos ocultos sustraídos a la experiencia directa intervienen sobremanera las prenociones y luego las opiniones que son notoriamente subjetivas y en función de esos pre-juicios o prenociones. En pocas palabras: cada uno ve lo que quiere ver. El meollo es saber qué quiere cada cual. Por eso hay tantas divergencias-. Expuso Augusto Lecón progresando de manera imprevista en la investigación del atentado.
-Justo, esa frase tuya: "cada uno ve lo que quiere ver" es una verdadera síntesis de sapiencia. Los preconceptos o prenociones como tú los llamas son la esencia de las opiniones que luego se defienden hasta con la vida. El análisis crítico ha dejado casi de tener vigencia en la órbita juvenil; eso explica porqué la mayoría de los adolescentes buscan imitar modelos ofrecidos por la sociedad enferma; una frase muy común en ellos es: "está todo bien". Las drogas adormecen más aún la capacidad de crítica. En el relato de la joven señora ella vio un "milagro" pues sus prenociones apuntaban hacia allí. Observa que yo, sin darme cuenta, hacía hincapié en otros datos de su narración; por ejemplo lo dicho por su hijita de cinco años que iba al templo a pedir que los padres no se pelearan más y su rezo no fue atendido, los padres siguen peleando. El perspicaz periodista concluyó el reportaje preguntando a la niña precisamente esto y en el canal cortaron abruptamente la transmisión. El ruego de la madre, en cambio, sí fue satisfecho: la iglesia antes vacía, ahora con el "milagro" se colmó de gente. El detalle del policía que prueba la sangre para mí y para tí también fue importante por lo raro. Que el religioso al frente del templo también dijera enseguida que podía tratarse de un "milagro" me resultó (a tí lo mismo) sospechoso y esto se completa con la reticencia de las autoridades religiosas superiores a admitir el fenómeno. Mis prenociones (y las tuyas) llevaron a ver estos puntos y a no aceptar la tesis del "milagro" como sí lo hicieron la joven señora y el religioso que está al frente de la iglesia; esta connivencia a nosotros nos resultó de entrada muy sospechosa; quizá por eso fantaseamos sobre supuestos en un juego de preguntas. La idea central es que cada uno ve lo que sus prenociones le indican-. Reflexioné ya inmerso en la investigación por comparación.
-En el asunto del atentado las autoridades ya tienen un preconcepto y es muy difícil (lo acabamos de percibir) que esa prenoción pueda cambiar. Nosotros debemos contemplar todos los supuestos imaginables y encontrar en cuál de ellos está el cabo suelto que nos lleve al esclarecimiento. Mirar toda la realidad y no sólo la que consideremos a través de las opiniones de algunos. El trabajo de prevención es precisamente ése. Si Hugo no nos envía a otro lugar, te propongo ir a los ambientes políticos de extrema derecha; a lo mejor allí encontramos algún dato que nos lleve a fundamentalistas para agotar este supuesto-. Dijo Lecón ya dispuesto a la acción.
-Suena el teléfono..., debe ser Hugo-. Me levanté rápido para atender.
Era Hugo. Conforme a lo convenido con Lecón le conté solamente lo acordado y le pedí instrucciones para los próximos días. Para nuestra sorpresa el encargo fue de concurrir a un acto político organizado por fracciones de derecha que se presentarían unificadas a las próximas elecciones. Según Hugo habría una concurrencia bastante nutrida. El acto se hacía el viernes, es decir que faltaban dos días.
Un miniestadio cerrado era el sitio donde, con banderas y portaestandartes exóticos, se realizaba el acto político. Me parecieron extravagantes esas lanzas con banderines en su tope aunque dentro de todo eran originales. El estrado era amplio y cobijaba a un considerable número de dirigentes. En las tribunas el bullicio aumentaba a medida que hablaban los oradores; me llamó la atención lo breve de sus exposiciones. En general expresaban ideas conocidas pero adaptadas a una democracia como la nuestra; vale decir que no había conceptos fuertes de tendencia totalitaria aunque entrelíneas se advertía el clásico liderazgo de un jefe. Este jefe estaba en el palco rodeado de sus más allegados y aprobaba con gestos las palabras de los disertantes quienes luego de hablar se retiraban del estrado. Esto último me llamó mucho la atención pues lo normal es que cada orador al terminar su discurso se quede junto a su máximo dirigente. Los aplausos arreciaban junto con los cánticos; estos se iban haciendo cada vez más ofensivos y virulentos. ¡El ambiente se estaba caldeando!
-Augusto, observaste el detalle..., - comencé diciendo pero Lecón me interrumpió antes de completar la frase.
-Sí, yo también me di cuenta. No me gusta eso. Intuyo que algo raro puede suceder. ¡Vayámonos urgente!- Augusto Lecón me tomó del brazo con rudeza.
-Pero aún no hablamos con ninguna persona, debemos establecer algún contacto para ubicar a los fundamentalistas; se supone que aquí hallaremos algo. Tú mismo lo propusiste-. Yo insistía resistiéndome al ya empujón de mi amigo.
Con fuerza insospechada Lecón apretó mi brazo derecho y prosiguió con su jalar hasta arrastrarme por la tribuna hacia la puerta de salida. Su actitud me molestó pero no dije nada. Mientras tanto el gentío vociferaba consignas antagónicas entre sí. Las distintas facciones se iban agrupando por separado y el movimiento fue haciéndose un poco violento con corridas y huecos entre medio. Al llegar a la puerta de salida un muchacho muy alto y vigoroso nos cerró el paso.
-Mi amigo se siente mal. Creo que puede ser un pre-infarto. Lo llevo al hospital de la otra cuadra. Gracias muchacho por tu ayuda pero me arreglo solo. Tú continúa con tu tarea que lo estás haciendo muy bien-. Manifestó Lecón palmeando suavemente al fornido joven y sin mirarlo, me sostenía con su otro brazo con expresión muy preocupada, empujó el molinete que obstruía esa salida.
Dimos unos pasos en silencio hasta llegar a la esquina. Allí Augusto frenó su marcha y cesó de sostenerme.
-Antes que le informen la ausencia de hospitales o sanatorios cerca debemos desaparecer pues presiento que nos buscarán pronto-. Dijo Augusto girando y reanudando la marcha con ligero trote.
Con ese rápido andar hicimos tres cuadras zizagueando. Augusto Lecón paró a un taxi y en el instante de subir se oyó una fuerte explosión.
El despacho de Hugo era amplio y muy confortable. Gentiles y bellas secretarias atendían en su ausencia y nos servían todo tipo de brebajes. Los mullidos sillones eran demasiado cómodos para mi gusto pero la espera del burócrata se hizo muy llevadera ante la visión de las esculturales muchachas que se prodigaban en pasearse exhibiendo todas sus bondades. Justo es admitir que el gusto de Hugo para elegir personal administrativo es excelente y pudimos comprobar la eficiencia con un detalle sugerente. Un superior acudió a la oficina buscando unos papeles que necesitaba con urgencia. Las niñas de inmediato se pusieron a registrar un armario pero a pesar de sus esfuerzos no los encontraban; varios minutos estuvieron hurgando para deleite nuestro, sus polleras eran muy cortas, no así del superior cuya impaciencia era notoria.
-Y si se fijan en la computadora; quizás allí esté registrado el documento y podrían imprimirlo. Luego cuando regrese Hugo les puede ubicar el original. Se me ocurre que no está en ese mueble-. Propuso Augusto Lecón con una sonrisa y gesto amable.
Las chicas teclearon el directorio y ubicaron un archivo con el nombre requerido, en la computadora como lo sugirió Lecón; rápidamente imprimieron el texto y lo entregaron al superior. Mientras éste se retiraba satisfecho las secretarias contemplaron a mi amigo con mirada que denotaba profundo agradecimiento; el desgarbado Lecón les dirigió a su vez una tierna caída de ojos y con humilde sonrisa aprovechó para contemplar una vez más las portentosas piernas y hasta donde permitían llegar las extremadamente cortas polleras y el escorzo que producía el, ahora bienvenido, mullido sillón. Desde allí abajo la perspectiva era deliciosa...
-Amigos, estaba muy preocupado por Uds.; sentía culpa por haberlos mandado a ese infierno. ¿Cómo se salvaron de la explosión? ¡Fue terrible!- Expresó Hugo luego del cálido abrazo con que nos saludó al llegar.
-La intuición del genial Augusto Lecón nos salvó-. Contesté sonriendo y con orgullo por las cualidades del amigo.
-¿Cómo es eso?- Inquirió nuevamente Hugo muy intrigado.
-Muy simple: Augusto presintió que algo grave sucedería y de inmediato optó por la retirada; yo le seguí gustoso...- Concluí con manifiesta ironía y un guiño de ojos a Lecón.
-Así..., ¿así nomás?- Insistía Hugo perplejo y exhibiendo la palma de sus manos en cómico gesto.
-Bueno..., es todo un proceso mental que se efectúa rápidamente y sin pensarlo. Tú ya sabes como soy...- Dijo Lecón con modestia e intentando cambiar la conversación.
Hugo se ubicó en su sillón mientras nosotros asiendo nuestras tazas de té nos acercamos a su escritorio con dos amplias sillas; nos sentamos frente a Hugo dispuestos a escuchar más que a hablar. Sin embargo Hugo nos observaba con expectativa; claro él tenía la esperanza de que nosotros contaríamos con lujo de detalles lo sucedido en la mansión del placer. El silencio era nuestra consigna y la cumpliríamos contra viento y marea. Las miradas se entrecruzaron por ambas partes durante momentos de tensa expectación; la ansiedad fue llenando todos los recovecos y sólo la entrada de una de las bellas secretarias rompió el sortilegio (¡para crear otro!)...
-Señor, el Director General vino a buscar el documento alfa g. como no lo encontramos le hicimos, provisorio, una copia del archivo registrado en la computadora. Ahora debemos llevarle el original pues acaba de avisar que tiene una reunión urgente con el Ministro y debe entregarle el legajo ya-. Dijo la secretaria con tono suplicante.
Hugo abrió un cajón de su escritorio moviendo previamente la respectiva combinación y retiró una carpeta de vinilo rojo opaco; con gesto amable la entregó a la mujer que contenta se retiró llevándose nuestros suspiros junto con el documento.
-Estas chicas son una maravilla. ¡Cómo salieron del apuro! Buscar el archivo en la computadora es una idea genial que revela la eficiencia de mi equipo. Merecen una felicitación. Otras hubieran buscado en el armario por años pues se supone que ése es el lugar adecuado para un documento así-. Reflexionó Hugo restregándose las manos.
Augusto Lecón y yo nos miramos y en silencio guiñamos los ojos con gesto significativo. La interrupción sirvió para suavizar la situación y para que Hugo comenzara su parloteo desligándonos a nosotros.
-Como les decía antes la explosión en el miniestadio fue tremenda y hubo muertos y heridos. El artefacto principal estaba debajo del estrado; uno de los dirigentes máximos de la fracción más importante murió y quedó herido de gravedad el segundo de la pirámide de la facción que tiene más influencia en..., bueno del cuarto partido en número de adherentes. El segundo explosivo estalló en una de las tribunas, la de la izquierda mirando hacia el palco, hubo dos muertos y varios heridos, algunos de ellos de suma gravedad. Se supone que el atentado fue preparado por alguna parte disidente del conglomerado de derechas. Uds. ¿en que tribuna estaban?- Preguntó Hugo apuntándonos con un dedo.
-Precisamente en ésa-. Contesté mirando a Lecón estupefacto.
-Pues de buena se salvaron-. Reflexionó Hugo bajando la vista y hurgando en sus papeles.
-Gracias a la intuición de mi amigo-. Dije con entusiasmo pero luego cambié el tono al agregar: -¡que lamentable la pérdida de vidas!-
-Son fanáticos de extrema derecha-. Aseveró Hugo con cierto desdén.
-Igual son seres humanos-. Rubriqué mirando a Hugo con reprobación.
-Tu reproche es injusto; ellos matan sin lástima-. Insistió Hugo.
-¿No será porque están muy enfermos?- Le refuté.
-Tú y tu teoría de la sociedad enferma..., vives un poco fuera de la realidad ¿no te parece?- Añadió con sorna.
-Lo que Javier quiere significar es que el problema real está en todos nosotros y no solamente en un grupo por más faccioso y violento que sea. La culpa no fue sólo de Hitler sino de todos incluídos los aliados con sus indemnizaciones posbélicas luego de 1918 que llevaron al caos económico a la Alemania de la República de Weimar. Cuidado, que actualmente hay quienes quieren llevar a una nueva hecatombe económica al sufrido planeta-. Manifestó Augusto Lecón con su tono enigmático que comenzaba a exasperar a Hugo.
-Lo que sucede es que tú, Hugo, estás inmerso en la filosofía de la represión y no en la prevención-. Dije elevando el timbre de voz al pronunciar la última palabra y apuntando, al modo de Hugo, con mi dedo índice.
-Para eso los llamamos a Uds.-. Concluyó Hugo dando finiquito al altercado con un gesto imperioso...
Las miradas de los tres se entrecruzaron y yo tuve la sensación de que algo importante tenía que decirnos Hugo pero que no se animaba a hacerlo y por ello daría vueltas y más vueltas, como era su costumbre. Lecón decidió tomar al toro por las astas, él también tendría la misma impresión, interviniendo con decisión: -debemos ir a algún sitio peligroso, más aún que el acto de las derechas ¿verdad?-
-No es peligroso, un poco alejado de la capital simplemente-. Repuso el burócrata con un dejo de ironía que percibimos Lecón y yo y nos lo comunicamos con un vaivén de la cabeza y un ademán cómplice.
-En un poblado aledaño se encuentra la estancia "Las margaritas"; está a unos dos kilómetros de Las Flores al lado de un bosque. Pensamos que allí puede estar el "cerebro" (al decir de Javier) de una organización que suponemos ayuda a los fundamentalistas. No hay pruebas de ninguna clase, sólo la sospecha-. Manifestó Hugo.
-¿Cómo llegaron a esa conjetura?- Pregunté ansioso.
-La realidad es que un preso común nos informó de esa posibilidad. Uds. saben que las organizaciones de este nivel suelen cometen hurtos o robos para financiar sus operaciones. Generalmente caen por esos delitos comunes ya que las otras actividades son muy difíciles de probar y no siempre se hallan tipificadas como delitos-. Dijo Hugo.
Augusto Lecón se movió inquieto en su asiento; no pudo contenerse y espetó en voz más alta que la mantenida hasta ese momento: -la realidad, como tú la llamas, es que todas las naciones del planeta mantienen grupos paraestatales que realizan actos no legales; algunos lo llaman "inteligencia" yo lo denominaría con algún epíteto peyorativo que prefiero callar por cortesía hacia tí. Estos grupos son los responsables de muchos actos que permanecen impunes ya que la ley no se aplica a ellos-.
-Están fuera de la ley-. Completé con ironía.
-Lo concreto es que sabemos que allí se halla un "pez gordo" de algo; drogas, armas, fundamentalismo..., no sabemos con certeza que cosa manejan-. Seguía Hugo con su perorata.
-Puede que allí haya un "pez gordo" pero seguro que el "cerebro" se encuentra en otro lado. La impunidad para las arañas, el castigo para los ejecutores y los intermediarios, aunque a éstos en menor escala-. Notificó Lecón.
-¿Qué arañas?- Inquirió Hugo asombrado.
-Las que tejen la tela del poder-. Contestó Augusto Lecón levantándose.