En esta página Web se pueden leer el prólogo, la introducción y los cuatro primeros capítulos de la obra: ESTERTORES DE UNA CULTURA.
Texto del ENSAYO
Autor: Héctor Carlos Reis
Título de la obra
:: Estertores de una culturaUna indagación sobre nosotros, los humanos; la evolución desde los remotos orígenes hasta el convulsionado siglo XX de violencia, mafias, delitos e impunidad. Cómo fuimos, cómo somos y cómo podríamos ser, pero... ¿seremos?
Indice
Prólogo...............................................................................................2
Introducción.......................................................................................4
1. Cómo somos...................................................................................7
2. Los pensamientos...........................................................................9
3. Forma primitiva de comprender las cosas..................................14
4. La pseudo-explicación mágica.....................................................16
5. El intento religioso........................................................................33
6. La pseudo-explicación filosófica..................................................43
7. El arte: un bello mundo imaginario..............................................53
8. La explicación científica...............................................................61
a) Los materiales del pensamiento.........................................62
b) Procesos o modos del pensamiento....................................63
c) Evaluación...........................................................................64
9. Precisiones para comprender mejor la metodología....................67
10. Algunos enigmas; algunas respuestas.........................................71
11. Aplicaciones en la práctica de la vida cotidiana.........................79
a) Un caso real.........................................................................80
b) Un caso de ficción................................................................83
c) Otro caso parte real y parte imaginaria..............................87
12. Aplicaciones de un concepto fundamental..................................93
13. Un hecho histórico trascendental...............................................103
14. Otra aplicación: los delitos y la impunidad................................107
15. Un pequeño y necesario remanso...............................................123
16. Otro hito histórico......................................................................127
17. Al centaurino le aparecen contradictores..................................131
18. Más sobre delitos, corrupción y mafias.....................................135
19. De cómo surgen las propuestas..................................................151
20. Nuevos caminos...........................................................................157
PROLOGO
En las postrimerías del siglo XX podemos observar un desarrollo vertiginoso de las ciencias y de su aplicación: la tecnología. El progreso prácticamente sólo se manifiesta en estos campos, ya que en otros aspectos estamos estancados, por ejemplo en la solución de problemas económico-sociales, en los conflictos violentos de etnias, religiones, nacionalismos vetustos, etc., en atentados con ejecutores suicidas, en formas de degradación como las drogas (psíquicas y químicas), la agresividad (en las familias y en la sociedad), el ritualismo, la territorialidad, la jerarquía, la codicia (de bienes y de poder), la hipocresía y en suma la estupidez que dirige los actos de gran parte de la humanidad. La contradicción entre el avance tecnológico y el estancamiento en facetas que hacen a la esencia misma de la condición humana se debe a diversos factores. El objetivo del presente ensayo es intentar dilucidar cuáles son estos condicionamientos que impiden un desarrollo homogéneo coadyuvante indispensable para obtener la real (y no ilusoria) felicidad del ser humano. Buscaré que el texto sea de fácil lectura, rehuyendo lucubraciones y vocablos complejos pero usaré la ironía y el buen humor con sutilezas entrelíneas para lectores más exigentes. Utilizaré contradictores en un abanico de preguntas y respuestas desde distintos enfoques, dejando cabos sueltos para que el lector los conecte y así pueda participar activamente del acto de razonar con información. Quizás el aporte más importante sea el abrir un gran debate sobre una base distinta y con entera libertad de pensamiento en función del siglo que se avecina. Ayudar a comprender los cambios que vienen de manera amable para que el efecto sea menos traumático. Contribuir a evitar, en lo posible, la inexorable extinción de los que queden retrasados por la ignorancia. En el siglo XXI y siguientes, la vida humana será muy diferente de como la conocemos actualmente; la adaptación al cambio es fundamental para sobrevivir; es una ley biológica ineludible.
El texto es corrido, sin notas fatigantes a pie de página ni citación de otros autores (salvo excepciones), tratando de hacer una narración amena para ampliar las posibilidades de acceso a sectores carentes del hábito de la lectura; esto no implica que el lector arraigado también encuentre vericuetos que espero lo deleiten de manera un poco más sutil.
Es conveniente hacer una salvedad importante. El objeto de mi análisis es la cultura humana de manera integral; desde sus orígenes hasta el presente y un pronóstico sobre el futuro. Por eso destaco características básicas que observo desde el inicio y que persisten obstaculizando la apertura de nuevos caminos. Es correcto que existen pueblos y civilizaciones con costumbres diversas; en el pasado y en el presente; hasta leyes diferentes y religiones distintas; pero mis observaciones se dirigen a los rasgos comunes que subsisten inmutables. De allí la exigencia de nuevos caminos acordes con la evolución científico-tecnológica. Las diferencias de: épocas, etnias, costumbres, sistemas o sociales o políticos o económicos, leyes, creencias y en suma todos los aspectos que distinguen a un pueblo de otro o a una época de otra son matices de una subcultura, niveles diversos de una gran cultura integral que es la humana. A lo largo del texto se observa esta concepción integradora ya que procuro ir al meollo de la condición humana para explicar lo que nos sucede en la época contemporánea y poder, con bases diferentes, construir los nuevos caminos hacia el siglo XXI.
La tecnología ya nos está integrando a los humanos. La televisión nos muestra lo que sucedió, e inclusive lo que está sucediendo, en todo el planeta por medio de los satélites. Las comunicaciones instantáneas nos permiten observar que en todos los países hay: carreteras, automóviles, edificios grandes, gente vestida más o menos igual (aquí se pueden ver más matices), zonas más carenciadas (la miseria tiene similar rostro en todos los países) y barrios más lujosos (con variaciones arquitectónicas que exultan alegres vanidades), disturbios callejeros, manifestaciones más pacíficas, reclamos por injusticias o por corrupciones administrativas, parlamentos que cuestionan a otros poderes, etc. La cultura global es ya un hecho hasta en los detalles y por obra de la tecnología. La naturaleza humana tuvo y tiene características constantes, la globalización que ahora se produce implica unificar niveles de subculturas.
Introducción
Imaginemos un ser consciente e inteligente de un supuesto planeta que orbita una estrella cercana, por ejemplo Alpha Centauri, de nuestra galaxia la Vía Láctea. Para este observador que no participa de la naturaleza humana sería altamente probable que no comprendiese nuestro comportamiento. ¿Qué vería el centaurino? Aclaro que si los griegos antiguos en su mitología imaginaron centauros, monstruos fabulosos mitad hombres y mitad caballos, ¿por qué yo no puedo inventar un centaurino, habitante del tercer planeta que orbita la estrella Alpha Centauri ubicada a 4,3 años luz de distancia? Inventar podría, pero sucede que en realidad la estrella Alpha Centauri es un sistema estelar triple, dos estrellas giran una alrededor de la otra y una tercera estrella, Próxima Centauri está orbitando el primer par a cierta distancia. En algunas posiciones de su órbita Próxima es la estrella detectada más cercana al Sol y de allí su nombre. Mi centaurino, entonces, sería del tercer planeta no ya del sistema estelar Alpha Centauri sino de Próxima Centauri. Ahora bien Próxima ¿tiene planetas que la orbiten? Lo más probable es que sólo las estrellas solitarias como nuestro Sol tengan planetas a su alrededor no así los sistemas estelares dobles o triples. Pero imaginar, podemos imaginar cualquier cosa... (Acepte el lector a mi centaurino como un producto de mi imaginación). He aquí el quid de la cuestión: la imaginación. Pero antes, ¿qué vería el centaurino? Humanoides que dirimen sus conflictos por la violencia; la codicia de bienes y el poder sobre las personas; hipócritas (significa actor como diría un helenista y hablando de griegos...) actuando de manera distinta a como se piensa; vería en suma una sociedad regida por la estupidez, es decir, una notable torpeza en comprender las cosas.
¿Cómo nos vemos nosotros, los humanos? Algunos dirían que el centaurino tiene razón, mientras que otros discurrirían a la inversa y expresarían que éste es el mejor de los mundos posible y quizás otros especulen con un mundo más allá de la muerte y que esta vida es sólo un paso transitorio y puesta a prueba para un eterno devenir pleno de goce y dicha en un ganado (sic) paraíso. Algunos sostendrán que el centaurino no tiene derecho a opinar pues no pertenece a nuestra especie, otros le asignarían un restringido derecho a expresarse pero sin poder de decisión y quizás algunos pretendiesen quemarlo vivo en la hoguera (como la Inquisición, el Tribunal del Santo Oficio, lo hizo con Giordano Bruno y centenares de miles más en siglos pasados). Algunos pensarán que el centaurino es un demente que delira pues ellos están muy bien y cómodos en sus roles (con Rolex en sus muñecas) de dirigentes de un mundo que avanza y gracias a ellos a pasos agigantados. El centaurino ante el disloque producido optará por replegarse dejando su testimonio por escrito pero como es persistente gorgoriteando por lo bajo "y sin embargo son estúpidos" remedando al Galileo Galilei evocará a la también pertinaz Inquisición que pontificó: "la Tierra es el centro del Universo (sic), no se mueve y está sólidamente enclavada; alrededor de ella giran siete esferas concéntricas de cristal, llevando la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno en ése orden; más allá está el cielo inamovible de las estrellas fijas".
¿Quién tenía razón, la Inquisición o Galileo Galilei y el martirizado Giordano Bruno?
Todo depende del punto de vista y del enfoque de cada uno pero básicamente debemos admitir, en principio, que algo es correcto, verdadero o incorrecto, falso; la única manera de constatar esto es a través de la comprobación; a ésta se llega mediante la observación y la experimentación. Con el razonamiento sólo no basta pues éste puede usar miles de subterfugios y estratagemas para acomodarlo a su arbitrio. La Inquisición tenía su dogma y era refractaria a la libre observación y a la experimentación; tenía su "verdad" que actualmente un niño de escuela primaria refutaría sonriendo y sin peligro de ser llevado a la hoguera. Sin embargo la tozudez, la terquedad, la testarudez duró 359 años para saldar la deuda moral con Galileo Galilei.
El centaurino no puede entendernos pero como es persistente intenta estudiarnos en un juego que puede deparar sorpresas.
Utilizaré una metodología de exposición que denomino colcha de retazos o ensalada rusa y que explicito en el texto, concretamente en el capítulo 4, aunque aconsejo al lector intuir de qué se trata y no averiguarlo de inicio pispeando el referido capítulo.
1. Cómo somos
Una bolsa de agua. Un compuesto de células. Moléculas de carbono que se mueven. Trozos de calcio revestidos de tejido. Conjunto de órganos que trabajan combinados. Un cuerpo. Según algunos, un cuerpo y un alma siendo ésta una substancia espiritual e inmortal. Según otros somos animales con un cerebro evolucionado y conscientes. El centaurino diría que somos una especie animal con cierto grado de evolución biológica por un proceso de cerebración y con un primitivo (para él) desarrollo tecnológico. ¿Cómo nos vería un perro? La visión del perro es en blanco y negro siendo además miope. No puede percibir los matices de nuestro comportamiento pues biológicamente está en un nivel inferior. Lo mismo sucede con el resto de los animales. De algo podemos estar seguros somos el producto de una evolución biológica de millones de años; están los restos fósiles que lo prueban. En la mayoría de los aspectos somos mejores que los demás animales. El secreto está en el cerebro. Nuestro cerebro evolucionado con un gigantesco número de células llamadas neuronas: elementos electroquímicos microscópicos. Las conexiones neuronales, aproximadamente cien billones, 1014, en la corteza cerebral son las que producen el pensamiento; las circunvoluciones aumentan la superficie permitiendo almacenar cuantiosa información en tamaño limitado como es un cráneo humano. Está dividida en dos hemisferios. El hemisferio derecho de la corteza cerebral se encarga de reconocer formas, de la intuición, la sensibilidad, la imaginación creadora. El hemisferio izquierdo dirige el pensamiento racional, analítico y crítico. Esta contraposición esencial nos permite generar ideas y luego comprobar su validez. En realidad más que un monólogo existe un diálogo interior continuo entre los dos hemisferios a través del cuerpo calloso, un haz de nervios, que sirve de nexo entre la intuición, la creación y el análisis crítico. Un buen balance entre ambos ayuda a comprender mejor el mundo que nos rodea. La neuroquímica del cerebro son los circuitos que permiten la actividad neuronal y el producto es el pensamiento y éste es el que rige nuestras acciones. Nuestro comportamiento entonces está regido por el cerebro. En el resto de los animales la actividad cerebral es muy reducida; su comportamiento está basado en la programación genética. Los genes determinan el vuelo de las abejas, la conducta de las hormigas, etc., pero a medida que vamos elevándonos en la escala el desarrollo cerebral aumenta, por ejemplo en los mamíferos y en especial los antropoides. Los chimpancés, gorilas y orangutanes (en especial los primeros) tienen una actividad cerebral mucho mayor que un gato o un perro.
Nosotros los humanos somos la culminación de un larguísimo proceso de evolución biológica y hasta el momento ninguna especie puede competir; estamos en el nivel máximo. Esta situación, por demás evidente, nos llevó siempre a asumir una actitud de gran soberbia en nuestra relación con los demás habitantes del planeta a medida que el hombre fue ocupando lugares y ganando espacios al desarrollar la incipiente tecnología; la depredación acentuó el proceso. Pero admitamos que los homo sapiens somos un producto bastante difícil de lograr por la mera mutación de genes (ya que de ello se trata la evolución). Muchos dirían que la idea de ser privilegiados por la especial predilección de un ser todopoderoso (un dios) suena bastante coherente. Somos conscientes, inteligentes, hablamos, hacemos herramientas, pensamos, ¡qué distintos a los demás animales! Pensar que seamos el final de un proceso aleatorio de mutación genética y por ende de una evolución suena arriesgado. Y sin embargo es la realidad...
Recién a mediados del siglo XIX con los estudios de Darwin y Wallace que plantearon la teoría de la evolución comienza a ser entendible el descubrimiento de restos fósiles de seres parecidos al hombre. Adán y Eva pasaron a ser un mito bíblico y no una realidad como se creía.
En el siglo XX los descubrimientos en todos los campos científicos fueron apabullantes. Una ciencia joven, la paleoantropología, fue la encargada de descifrar todos los huesos fósiles de homínidos antecesores del homo sapiens. La ruptura con las creencias fue acrecentándose en todas las órbitas del saber.
En psicología, sociología, antropología, paleoantropología, medicina, biología, genética, química, física, astronomía, cosmología, historia, derecho, etología, etc., los hallazgos son permanentes. La aplicación de las ciencias a la vida cotidiana logró una tecnología de avanzada; hasta hace poco los alimentos se deterioraban en el verano con el calor, ahora hay heladeras de todo tipo que los conservan durante meses; la radio, la televisión, el cine, la informática, son el comienzo de una nueva forma de vida.
Somos, los hombres, programación genética ya que culminamos un proceso de evolución biológica pero además somos, fundamentalmente, cerebros; esto es lo que nos diferencia de los otros animales: la gran capacidad de almacenaje y manejo de información. La actividad, principalmente, de nuestra corteza cerebral genera los pensamientos y éstos son los elementos básicos de nuestro comportamiento. Pensamos y luego actuamos en concordancia. Investigar los pensamientos es dar con el meollo del cómo somos.
2. Los pensamientos
Imaginemos que el centaurino hubiese llegado a nuestro planeta hace unos cuatro millones quinientos mil años. Se hubiese encontrado con un ancestro del hombre cuyos restos fósiles se encontraron hace pocos meses: el australopithecus ramidus; éste a su vez sería antecesor del australopithecus afarensis, la famosa "Lucy", de tres millones y medio de años de antigüedad. Los restos fósiles de "Lucy" son, quizá, los más completos hallados hasta el momento (se conservan un 40 % de los huesos formados de más de cien fragmentos). Estos dos australopithecus (ramidus y afarensis) son los restos más antiguos, en línea directa con nosotros, encontrados y guardados en la urna del planeta Tierra. Sin embargo el australopithecus ramidus acaba de ser reclasificado como ardipithecus ramidus y eliminado de la rama evolutiva de los australopithecus; esto sucede porque la ciencia se autocorrige: cuando se comprueba un error se rectifica. He aquí la característica quizá más trascendente y la explicación del éxito de las ciencias. La humildad en contraposición con la soberbia de los dogmas. La demostración por encima de la aseveración. Un reexamen del ramidus indicó que probablemente fue cuadrúpedo y no bípedo como los australopithecus; cabe señalar que los huesos estaban muy destrozados y su estudio fue muy difícil. En reemplazo se descubrieron cuatro huesos de pie en Sudáfrica dando la necesaria prueba fósil de cómo se trasladaban los australopithecus ya que los cuatro huesos marcan el empeine y el comienzo del dedo gordo de un australopithecus que habría deambulado hace tres millones quinientos mil años. Fue nombrado como "Pie pequeño" y reveló que el talón daba muestras de haber soportado peso y el arco del pie (elástico) estaba indudablemente adaptado para caminar sobre dos de las extremidades como hacemos los seres humanos. El dedo gordo mostraba un amplio grado de distancia en relación con los otros, era muy flexible y se presume capaz de empuñar objetos y trepar. La forma de la articulación indica que el dedo gordo podía rotar hacia adentro como el de la mano: un rasgo simiesco muy útil para trepar a los árboles. Vale decir que era bípedo pero al mismo tiempo podía trepar. Un dato que demuestra el quehacer de la ciencia: éstos huesos habían sido descubiertos en el año 1980 pero su importancia recién se pudo determinar ahora, tratándose de los primeros huesos interconectados de un mismo pie y de un solo individuo. Además sería el tipo de pie que formó las pisadas halladas en Laetoli (Tanzania) de tres millones setecientos mil años de antigüedad cubiertas de ceniza volcánica endurecida, halladas en 1977 y dejadas por dos o tres individuos que caminaban erguidos; ésta fue la primera prueba indiscutible del carácter bípedo de los australopithecus. Estas especies de transición fueron cuadrúpedos en los árboles y bípedos en tierra, simultáneamente. Los bípedos perfectos recién aparecieron con el "homo erectus" hace alrededor de un millón quinientos mil años.
Y el más reciente descubrimiento: el "australopithecus anamensis"; en el lago Turkana (Kenya) huesos de veintiún especímenes con rasgos antiguos y modernos a la vez. Si bien sus dientes caninos son como los del chimpancé y tiene el paladar chato en lugar de abovedado, sus huesos tibiales poseen el típico filo delantero de los humanos; este filo es un indicio seguro de bipedismo, es decir postura erguida, sirve para cargar todo el peso del cuerpo no sobre cuatro patas sino sobre dos piernas. Los "anamensis" andaban de pie, erguidos como nosotros, por eso son homínidos, es decir pertenecen a nuestra misma familia taxonómica. Su antigüedad se remonta a unos cuatro millones cien mil años; más joven que el ramidus pero sin duda un homínido.
El centaurino al tomar contacto con ellos hubo de observar que marchaban erguidos y manejaban sus manos libremente. Arrojaban alguna que otra piedra y ramas de árboles a los animales que intentaban atacarlos. Quizá mascullaban alguna que otra palabra, más bien sonidos cortos y serían los nombres que les daban a los atacantes o prevenciones de defensa. Su pequeño cerebro de apenas 500 centímetros cúbicos, es decir unos cien centímetros cúbicos más que el cerebro de un chimpancé actual, es probable que tuviese gran actividad al caminar erguido y con las manos libres.
El tomar piedras y arrojarlas; luego el chocar unas con otras aprendiendo a pulirlas y finalmente el usarlas como herramientas fue determinando el comienzo de una primitiva tecnología. El solo hecho de usar algo como vehículo para obtener alguna cosa (tal es el concepto de herramienta) permitió a nuestro lejano ancestro iniciar un proceso gradual de evolución y de competencia activa con los otros animales hasta superarlos.
El hecho de experimentar con las manos y con utensillos aunque fuese nada más que como armas fue un punto de inflexión decisivo en la conquista de un espacio dentro del concierto de las especies. Pero también significó un comienzo del acto más importante: pensar.
La facultad de poder relacionar hechos y cosas para un fin preciso y determinado es de tal trascendencia que podemos otorgarle el carácter de máximo distintivo de nuestra especie. Si bien es cierto que otros animales, con su conducta lo están probando, también participan de esta característica, como por ejemplo los chimpancés, lo real es que sólo el hombre ha logrado desarrollar esta actividad a un grado notable. En gran medida se debe al uso y habilidad con las manos, liberadas por caminar erguidos, y al desarrollo de un lenguaje que le permite una mejor comunicación con sus semejantes y planificar el ámbito social. El resto de los animales con cierto grado de inteligencia: las ballenas, los delfines, los grandes primates antropoides, como gorilas, orangutanes y principalmente chimpancés carecen de nuestra habilidad con las manos; de hecho ballenas y delfines no las tienen y por más que demuestren destreza y cierto nivel de sociabilidad no pueden desarrollar ninguna tecnología.
Si admitimos la enorme importancia que tienen nuestras manos en el proceso de cerebración y dominio de una facultad como el pensar, veremos facilitada la comprensión del fenómeno del pensamiento que es su producto.
Al pensar producimos el pensamiento; parece una paradoja pero son dos hechos diferentes. Los pensamientos son la actividad natural del cerebro pero requieren la facultad previa: el pensar. Pienso luego produzco pensamientos; tal sería, remedando a Descartes (y corrigiéndolo), el itinerario preciso. Pensar es relacionar. Los pensamientos son la graficación de ése proceso, son la representación de la actividad de pensar. De allí que a través de palabras o dibujos podamos expresar hacia afuera esos pensamientos; le damos forma; los hacemos viables; los podemos trasmitir; se trasforman en información; en suma son la base de la cultura y de la organización social. Con los pensamientos hacemos, construimos, elaboramos todo el andamiaje cultural; son el sostén, la columna vertebral de nuestra estructura humana propiamente dicha.
Quisiera desarrollar un poco el porqué de la corrección de la frase de Descartes: "pienso, luego existo". El filósofo francés Descartes parte de la duda que considera como la acción de un yo y cree haber descubierto un hecho del que no puede dudarse. Nosotros en realidad no vemos nuestros propios yos en la forma en que vemos los edificios, un paisaje y las personas que nos rodean. Podemos, quizá hablar de una observación de nuestros actos de pensamiento o de duda. Al hacerlo los percibimos no como productos de un yo, sino como objetos separados, como imágenes acompañadas de sentimientos. Expresar "yo pienso" representa no un dato derivado de la observación, sino que es la culminación de un dilatado proceso de pensamientos que evidencian la existencia de un yo diferente del yo de otras personas. En rigor se debería decir: "el pensamiento existe" señalando así el surgimiento separado de los contenidos del pensamiento, su aparición independiente de los actos volitivos u otras actitudes en las que participa el yo. Pero si esto hubiese pasado, la inferencia de Descartes no habría podido hacerse. Si la existencia del yo no está apoyada por la observación inmediata, no puede asegurarse su existencia con una certeza mayor que la existencia de otros objetos derivada por adiciones a datos obtenidos por la observación. Como a Descartes le preocupaba la inseguridad de todo conocimiento y deseaba hallar la "certeza absoluta" imaginó su frase ("pienso, luego existo") razonando así: puedo dudar de todo, excepto de una cosa, del hecho mismo de que dudo; pero cuando dudo, pienso y si pienso es que existo. Pero el filósofo prosiguió imaginando: deduce que por el hecho de que el yo existe, Dios debe existir, pues de otra manera el yo no podría tener la idea de un ser infinito. Continúa afirmando que las cosas que nos rodean deben existir también ya que si no fuera así Dios sería un impostor. Argumento imaginario y teológico sospechosamente defendido por un eminente matemático como fue Descartes. La psicología de los filósofos es un gran problema que pasa desapercibido al pretender colocar a la filosofía como la cumbre del conocimiento. Su indagación (la psicología de los filósofos) ayudaría muchísimo sobre el significado de tantos sistemas filosóficos que precisamente impidieron acceder al conocimiento. En la inferencia de Descartes hay muy poca lógica pero una gran cantidad de información psicológica ya que fue la búsqueda de la certeza lo que hizo caer a un matemático en una lógica tan confusa. Basar el conocimiento sólo en la razón es el grave error de los filósofos y en el capítulo 6 desarrollaré aún más el pensar imaginativo filosófico.
El hecho de producir pensamientos y de utilizar las manos nos identifica como humanos; nos hace distinguir de otras especies. Por ello analizar los pensamientos asociados con la actividad manual es tarea primordial para entender nuestras conductas pasadas y prever nuestro comportamiento futuro.