Hacia el "homo tecnologicus"

por
Dra. Patricia M. Sartor
Química Industrial especialista en Ciencias del Ambiente

Demitifiquemos, por favor, a la química, a la física y a la biología, consideradas durante años como ciencias que ya lo habían dicho casi todo en materia ambiental.

La Química con su aporte "negativo y contaminante" a niveles de aire, suelo y agua terrestres; la Física y sus aplicaciones astronáuticas, dejando sembrados de basura los cielos de nuestro Universo y la Biología como ciencia "natural" estudiando especies, analizando su origen, haciendo futurología al preconizar nuevas enfermedades debidas a alteraciones del ambiente.

Ha llegado el momento de terminar con los compartimentos estancos, es tiempo de relacionar, de integrar saberes y observar a la VIDA como el TODO que siempre fue, pero sin perder de vista cada detalle que la hace vivir.

Si estamos hoy aquí, Ud., yo y todos los seres humanos que poblamos este planeta azul, no crea que es sólo por obra de la evolución dada por el azar y por la acomodación a las condiciones ambientales imperantes en cada época. No. Estamos aquí, no sólo por ello, sino también porque nosotros, Ud. y yo, somos humanos, inteligentes, y somos capaces, como nuestros ancestros, de adaptarnos con "tecnología" al ambiente que nos cobija. Si no tuviéramos esa "capacidad tecnológica" tan inmiscuida en nuestra esencia humana, hoy no seríamos más numerosos que los leones de África, ni más longevos que los primates, nuestros primos en la evolución.

¿Es la tecnología la que nos hace humanos? No, somos humanos y creamos la tecnología y somos capaces de transformarla para adaptarla a nuevas necesidades, ésa es nuestra capacidad, los chimpancés también utilizan piedras y ramas para romper nueces, es su tecnología, pero no pueden perfeccionarla, las abejas construyen celdillas hexagonales con una perfección y maestría envidiables, pero ha sido así desde que son abejas; las hormigas poseen una increíble división del trabajo y una organización social ejemplar, pero nunca cambiarán su monarquía y matriarcado, sencillamente porque genéticamente están determinadas de esa manera; las cucarachas son indestructibles, insectos adaptables por antonomasia, pero seguirán escapando al pisotón humano porque no pueden elegir no vivir lejos de las cocinas y cloacas. Podríamos enumerar miles de ejemplos de técnicas utilizadas por los animales y por las plantas, no olvidemos la increíble fábrica de alimentos que son los cloroplastos, pequeños corpúsculos microscópicos que ofician de usinas transformadoras de luz y nutrientes en sustancias asimilables, como son los hidratos de carbono.

La diferencia entre estas "tecnologías naturales", si podemos darles ese nombre, y las tecnologías humanas es, justamente eso, el ser "humanas", continuamente en revisión, raro es el ejemplo de instrumentos que aún conserven la forma primitiva, tal vez sí el principio que los sustenta sea el mismo, pero no su forma, analicemos un ejemplo. Si nos retrotraemos en el tiempo, encontraremos a nuestro antecesor golpeando dos piedras para generar la chispa que encenderá las hojas secas que le darán un hermoso fuego en el que calentarse. Y volviendo a nuestra época vemos a nuestro vecino encendiendo la leña para hacer un rico asado con un encendedor moderno, de los que funcionan con gas, pero que posee en su mecanismo, ¡sí!, las viejas piedritas del prehistórico homo habilis. Los dos utilizan tecnología, su finalidad es la misma, encender el fuego, pero su forma de presentarla es diferente: el hombre moderno sabe que con dos piedras puede generar una chispa pero también sabe que si con esa chispa enciende un combustible producirá una llama que le servirá para encender la hojarasca y las maderas para hacer su rico asado con menos "trabajo" que el hombre prehistórico, entonces "inventó" o dio forma al encendedor. Hizo tecnología, porque aplicó el principio general al caso particular y diseñó un instrumento sencillo, cómodo, barato y fácil de utilizar por cualquier ser humano. Y no se quedó con ello, cuando surgieron otras necesidades, como encender un calefón o el horno de la cocina, reinventó el encendedor, añadiéndole un conducto por el cual llevar la llama para no quemarse, pero tampoco se quedó con esta solución, adaptó las cocinas, estufas y calefones a un encendido "automático" que no es más que el viejo encendedor en el seno mismo del quemador. Siempre la tecnología.

Esta tecnología que nos acompaña desde que nos hicimos hombres no siempre fue acompañada por un cuidado del ambiente, porque si hubiera sido así hoy estaríamos asistiendo a lo que llamamos desarrollo sostenible y no necesitaríamos establecer planes de recuperación de sectores ambientales ni nada por el estilo. Esta tecnología corrió pareja a las necesidades humanas, siempre pensando en nosotros mismos, oh, el egoísmo también es una características de los humanos, olvidándonos del entorno, de la visión global, de la multidisciplinariedad que regula el estudio del ambiente. Aquí es cuando, frente al desequilibrio, a los problemas antiguos y nuevos, el hombre de fin de siglo se para frente a ellos y comienza a "observar" a su alrededor, ese hombre es el que realmente se hizo "hombre", "homo interrelacionis", si se me permite el término, "homo ecologicus" si queremos llamarlo de otra manera: es el hombre que comprende que la especie humana no es la única que habita el planeta y que necesita de las otras para continuar viviendo, este "homo ecologicus" es el que entiende el significado de la interdisciplina, es el que "piensa" frente a cada acto de su vida, es el hombre que capta su esencia de "ser-en-relación" con otros hombres, con otros seres distintos a él, con las fuerzas cósmicas del universo y, para quienes creen en la trascendencia, con el creador de todo lo existente.

Al descubrirse "ser-en-relación", el hombre capta y conoce su esencia, se "descubre" a sí mismo, se analiza, estudia sus creaciones, se siente parte de la naturaleza y, recién entonces, puede obrar en consecuencia, cuidándola, desarrollando y modificando tecnologías de antaño, optimizando el uso de los recursos, balanceando la energía utilizada, creando especies transgénicas que lo ayudan a seguir viviendo sobre la Tierra, recuperando suelos mal empleados, depurando ríos, arroyos, lagos, lagunas y aguas subterráneas que fueron enormes vertederos de residuos durante este siglo que termina.

El hombre se asume hombre y como tal se conoce y se ama. Al amarse descubre que no puede vivir solo y ama también a lo que lo rodea, se vuelve "más humano" con sus semejantes y con el Universo. Ya no extrae sus riquezas sólo para tener más riquezas, sino para obtener beneficios en el marco de un desarrollo sostenible. No puede volver atrás, lo sabe, no puede ni quiere hacerlo, no sería justo. Está acostumbrado a vivir más de 70 años y quiere llegar a vivir más de 100. Si desprecia la tecnología sabe que las enfermedades que cree erradicadas se ocuparán de él y que a los 30 años será un anciano al borde de la muerte. Además, sabe que somos muchos, que sin tecnología no habría alimento para todos, que la muerte por inanición es una de las peores muertes, no deseable ni para el peor enemigo, sabe y ha visto muchas veces, por televisión, a las hermanas de la Madre Teresa asistir a los moribundos, ha visto en África el flagelo del hambre, no puede querer eso para toda la especie humana... pero sabe que tampoco debería existir esa muerte para "ningún" integrante de la especie humana.

Esto es lo que aún nos falta, nos sabemos humanos, nos reconocemos "homo tecnologicus" y aprendimos a vernos como "seres-en-relación", pero nos falta un paso, ser "homo solidarius", dejar de lado el egoísmo vano y caminar hacia una sociedad de hombres que se ayuden, de hombres que compartan sus saberes, sus tecnologías, pero que respeten a cada hombre en su forma de ver al mundo, ¿de qué nos vale "tener" si no podemos disfrutar lo que tenemos? ¿Para qué tener un montón de tierras si nunca llegamos a conocer siquiera lo plantado en ellas? ¿Para qué millones de verdes billetes o joyas valiosas si no podemos disfrutarlos por temor a que nos los roben?

El hombre va creciendo, sigue evolucionando, aprende y, cuando lo hace, se da cuenta de que es feliz, el tema está en este punto, en generar humanos futuros con sueños de hombres felices. Ésta es la misión del educador del siglo venidero, debe proveer herramientas para que el educando pueda "vislumbrar" su futuro como verdadero hombre y para que su ideal de vida sea la felicidad. Que el Tener, Poder y Placer se hagan sólo una cosa: "Ser". Que se tenga lo que se necesite, se adquiera el poder que nuestra propia esencia humana nos permita y que el placer sea un medio, no un objetivo en la vida. Estos hombres podrán un día levantar su mirada al cielo y contemplar el Universo sabiéndose depositario de los designios de siempre, "ser felices y hacer felices a los demás", sin que nadie conozca la tristeza de milenios y la soledad de estar perdidos en el Universo. Ese día, el hombre podrá sentirse plenamente SER-EN-RELACIÓN y será el momento de la plenitud de los tiempos.

Ya sé, podrá decírseme que esto es sumamente utópico, que ni el Siglo XXXVIII verá esta realización. No importa. Si no nos lo planteamos ahora ¿cuándo?

Por dejar para mañana ya llevamos 50 siglos de historia como la actual...

Por no pensar en el otro, se han exterminado pueblos enteros...

Por no pensar en el hombre, hemos hecho sólo lo que nos ha parecido siempre y los resultados saltan a la vista ¿queremos esto por otros 50 siglos?

¿Quién tiene que tomar la bandera de la humanización del hombre?

¿Los gobernantes? No lo harán, están preocupados por el Poder.

¿Los padres? No están preparados, no hay escuelas que formen padres.

¿Los niños? Son pequeños, imitan a los adultos.

¿Los ancianos? La nuestra no es una cultura que escucha a los ancianos.

¿Los científicos e investigadores? Se encuentran demasiado inmersos en sus experiencias y, a veces, hasta se olvidan de la ética.

Entonces, ¿quiénes?

Los educadores, todos, los que forman niños pequeños en las guarderías y jardines maternales, los que enseñan a adolescentes, a jóvenes y a adultos, los que son especialistas en poesía y los que se formaron en las ciencias duras. Todos, pero todos juntos, en la multidisciplina, integrando saberes aplicándolos a los casos concretos e imaginando casos ideales. Y me preguntarán ¿cómo? Sólo existen de una manera, sin soberbia, conociendo nuestra disciplina como el mejor de los científicos, actualizándonos, compartiendo vivencias con otros docentes, aprendiendo del alumno y de sus experiencias cotidianas, investigando nuestra propia acción educadora, dejando que otros opinen sobre nuestra práctica docente y aceptando sugerencias, creciendo en las comunidades educativas y haciéndolas crecer con nuestro aporte, reconociendo que TODOS tenemos algo para compartir y valorando la actuación de nuestros pares, exigiendo al alumno excelencia pero dándonos nosotros con la mayor excelencia, siendo "seres-en-relación" en vivo ecosistema concreto, la escuela, el ámbito educativo, así formaremos "seres-en-relación" que puedan serlo en los ecosistemas globales en que nos encontramos inmersos TODOS. Sólo de esta manera el Siglo XXI será vestigio de una sociedad verdaderamente humanizada y esos hombres que hoy formamos podrán reemplazarnos cuando los años ya no nos permitan continuar educando a las jóvenes generaciones, pero nos quedará la alegría de haber formado a los líderes de una sociedad nueva, dejémonos de utopías y de mundos imaginarios contruyamos el nuestro, un mundo nuevo, pero hoy, ya, pergeñado ahora con ideas de siempre y para siempre.

Tenemos el Futuro en nuestras manos ¿vamos a dejarlo escapar?