Novedades de la Ciencia

(Compilado por PatHec Producciones)

Teoría sobre dinosaurios

LONDRES (The Sunday Times).- Varios científicos sostienen una nueva teoría sobre la desaparición de los dinosaurios: simplemente, crecieron demasiado. Nuevos estudios sobre fósiles sugieren que estas criaturas fueron víctimas de su propio proceso evolutivo, ya que su exagerado tamaño los hizo vulnerables a los cambios climáticos. Los dinosaurios, que dominaron el mundo por más de 200 millones de años, llegaron a pesar 50 toneladas.

 

 

Origen de los primates

Los primates podrían haberse originado en Asia, no en Africa. Se descubrieron unos primates muy antiguos en Myanmar, una especie nueva llamada Bahinia pondaungensis, pequeños, nocturnos, que vivían en los árboles. Hasta ahora los antropólogos no conocen más detalles sobre este simio. Se sabía que los antropoides más antiguos eran del Eoceno y del Oligoceno cercano (35 a 33 millones de años atrás) y se habían encontrado en Egipto, eran los Fayum. Estos nuevos antropoides, encontrados en Thailandia, China y Myanmar muestran que los primates vivieron en Asia hace 49 a 33millones de años atrás. Se especula que los Bahinia descienden de los tarsiids. El hallazgo permitiría postular que los antropoides migraron desde Asia a Africa en la antigüedad.

 

 

El primate asiático

Asia podría ser el verdadero origen de los antropoides, y no Africa, si consideramos el reciente descubrimiento de un fósil de 40 millones de años de antigüedad. Los antropoides son un grupo de primates que incluye tanto a fósiles como a monos y simios vivos. Se distinguen de otros primates de aspecto más antiguo, como los lémures y sus familiares extinguidos, por una serie de características anatómicas. Los científicos se han preguntado siempre de dónde, de quién y cuándo surgieron los antropoides más primitivos. Un reciente descubrimiento podría arrojar luz sobre este asunto. Un grupo de especialistas del Myanmar-French Pondaung Expedition Project ha estado excavando en Myanmar, en Asia, y han encontrado fragmentos fósiles (dientes y mandíbula) de una nueva especie a la que han bautizado como Bahinia pondaungensis. Su antigüedad se calcula en unos 40 millones de años. Junto a estos fósiles se encontraron otros de una especie ya conocida denominada Amphipithecus, todo ellos enterrados en una capa de arcilla roja. Casi todos los restos de antropoides primitivos se habían hallado hasta ahora en Africa, la mayoría en Fayum (Egipto). El número de especies catalogadas allí es tan alto que se había pensado que no sólo el Hombre (muy posterior)sino también los antropoides habrían surgido de este continente. Pero últimamente se han descubierto restos de antropoides en Tailandia, China, y ahora en Myanmar. Por otro lado, los fósiles asiáticos tienen antigüedades que van de 49 a 33 millones de años. Uno de ellos, el chino Eosimias, es un primate tan primitivo que los expertos dudan de llamarlo antropoide. Precisamente, la dentición del Bahinia es muy semejante a la del Eosimias, así que parecen pertenecer a la misma familia. Ambos son los antropoides más viejos descubiertos hasta este momento, y dado que sólo se han encontrado en Asia, los especialistas empiezan a creer que surgieron en este continente y no en Africa. Si así fuera, los antropoides habrían emigrado de Asia a Africa en algún instante. Además, los dientes del Bahinia tienen rasgos de otros fósiles de hace 57 millones de años, con lo que se puede sospechar que sus raíces pueden encontrarse en algún momento situado entre 50 y 55 millones de años atrás. Era un animal muy pequeño, del tamaño del más diminuto de los actuales monos sudamericanos. Su dieta estuvo probablemente compuesta por insectos, que capturaba subiéndose a los árboles.

 

 

ADN: la historia está escrita en un virus

GABRIELA CAÑAS, Madrid DIARIO EL PAIS, S.A.

El ADN de un microorganismo alojado en el riñón humano aporta datos sobre las grandes migraciones del planeta El rastro de Laetoli, en Tanzania, unas pisadas de hace 3,5 millones de años son las huellas mas antiguas conocidas de un homínido capaz de caminar erguido. Desde entonces, el rastro dejado por nuestros ancestros es abundante y ninguno de ellos es despreciado por la ciencia, dispuesta a desvelar los misterios del origen y la evolución de la especie humana. A los clásicos sistemas paleoantropológicos se ha sumado la biología molecular. El ADN humano está siendo transcendental y a éste se añade ahora el de un virus que portan los hombres y cuya evolución y mutaciones esta arrojando datos sobre las grandes migraciones humanas, como si en sus pequeños genes hubiera quedado grabada la gran historia. Cientos de años antes de que Cristóbal Colon avistara tierra llegaron a América sus primeros pobladores humanos. Y lo hicieron desde Asia, por el estrecho de Bering. Eran pueblos poco relacionados con los europeos y los africanos del oeste; de ahí que los indios nativos americanos de hoy tengan mas relación con un ciudadano moderno de Tokio que con un compatriota blanco. Las diferencias genéticas entre un pueblo y su vecino no es un rasgo exclusivo de América. En España, muchos estudios han demostrado que el origen de los vascos (y su lengua) quizá es distinto que el de sus vecinos los cantabros. Estos datos no son nuevos. La novedad reside en la forma en que los científicos están corroborándolos: a través del estudio genético de un virus que porta prácticamente toda la humanidad, alojado en los riñones, y que se aisló por vez primera en 1971.El virus se llama JC y raramente se convierte en un agente patógeno. Es de fácil acceso, pues la mayoría de las veces se extrae de la orina, y su ADN es muy resistente a las mutaciones y combinaciones. Un equipo científico de Bethesda (Maryland, en Estados Unidos) lleva años estudiándolo. Al principio lo hizo con fines sanitarios, pero enseguida comprendió que las variaciones del JC están asociadas a determinadas regiones geográficas del planeta y que, por tanto, sus aportaciones al estudio de la evolución humana y sus movimientos migratorios pueden ser trascendentales. De Asia a las praderas: de tales investigaciones se desprende que los indios navajos (primos de los apaches) y los indios Flathead (cabezas planas) portan el mismo tipo de virus que los modernos asiáticos. El equipo acaba de descubrir que aquellos primeros asiáticos que llegaron a América no procedían directamente de la isla polinesia de Guam , como se creía, pues el virus de los aborígenes de dicha isla, los Chamorro, no es tan parecido al de los navajos y los cabezas planas. La relación directa se establece mas bien con los asiáticos del noreste. Se ha comprobado también que la mayoría de los norteamericanos cuyos ancestros son europeos comparten el mismo tipo de virus, hallado comúnmente en Europa, de la misma manera que los afroamericanos portan el mismo tipo de virus que los africanos modernos. Para Gerald L. Stoner, desviar sus estudios hacia este asunto fue casi natural. "Estados Unidos es un país multiétnico y es lógico tenerlo en cuenta en cualquier investigación", explica en conversación telefónica EL PAIS. Stoner es jefe de la sección de Neurotoxicología de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU, en Bethesda, y miembro del equipo que ha publicado ya una docena de trabajos sobre el virus JC y su relación con las grandes migraciones humanas. El equipo de Stoner ha clasificado ya siete tipos distintos de virus y numerosos subtipos, si bien aclara que es probable que se encuentren nuevos tipos en el próximo futuro en la medida en que se analicen los virus que portan sociedades aisladas. El estudio del ADN del virus PC aporta varias ventajas sobre el estudio del ADN humano: es mas fácil de manejar al ser circular y mas sencillo y su evolución es mucho mas rápida que la del genoma humano, si bien sus mutaciones son mas lentas que las que registran otros virus, como el de a gripe. Estas características, unidas al hecho de que la transmisión suele ser hereditaria y afecta igual a hombres y mujeres, lo convierte en idóneo para usarse como marcador de las migraciones porque un grupo étnico tiende a portar un solo tipo de virus JC, el cual registra las mutaciones ocurridas en milenios. La nueva línea de investigación de la que el equipo de Stoner es pionera esta abierta. Ahora falta perseverar y hallar colaboraciones externas, como la de un equipo japonés, cuyos análisis del virus JC comparte con los que se realizan en Bethesda. Para los antropólogos, el estudio del virus JC es una feliz aportación de la biología molecular que viene a añadirse a otra que ya ha dado importantes frutos: el estudio del ADN humano. El material genético extraído de las momias egipcias -estudio publicado en Nature hace ya 15 años- fue un hito que aporto abundante información. Hace solo dos años, el pionero en esta materia, Svante Paabo, consiguió leer una secuencia de ADN de un hombre de Neandertal. Es la marca genética la que ha permitido establecer que el hombre moderno, el llamado Homo sapiens sapiens tiene su origen en Africa- como los anteriores homínidos- hace unos 120.000 años y que de ahí se expandió por Europa y Asia en la primera gran migración humana. Nuestros ancestros convivieron, sin mezclarse, con los neardentales, que se extinguieron por causas desconocidas hace 30.000 años. El yacimiento de Atapuerca ha arrojado mucha luz sobre el origen de nuestra especie. El director del yacimiento, Juan Luis Arsuaga, ha explicado que la superioridad del hombre actual sobre el neandertal, más corpulento, se debió probablemente a que el primero "invirtió más energía en el cerebro que en los músculos y apostó más por la fortaleza del grupo que por la del individuo" .Ese hombre moderno fue el que, desde Asia, cruzo el estrecho de Bering, hace unos 15.000 años, y se asentó en América. No sabia que sus riñones portaban un virus casi siempre benigno que delataría su procedencia. La cara de un patógeno asociado al sida. El virus JC no solo es ahora famoso por sus posibles aportaciones a la paleoantropología. Lamentablemente, sus graves efectos se están extendiendo entre los enfermos de sida. El JC sufre una fatal mutación en el 5%-10% de los pacientes de sida, originando la enfermedad llamada progresiva multifocal leucencefalopatia (PML). Es una dolencia similar a la esclerosis múltiple, pero de progresión mucho mas rápida. Sus efectos letales pueden terminar con un enfermo en solo seis meses. De ahí que los estudios del equipo de Bethesda y en el que trabaja Gerald L. Stoner comenzaran inicialmente sus investigaciones con una finalidad sanitaria, pues la enfermedad, antes extremadamente rara, afecta ya al 7% de los enfermos de sida. "De alguna manera", explica Stoner, "albergábamos la esperanza de poder comprender mejor el papel del virus en todas las esclerosis múltiples (aun no hemos establecido si un determinado tipo de virus JC tiene más relación que otros con la esclerosis). Sólo después fue cuando nos dimos cuenta de que había genotipos característicos para Europa, Asia y Africa, y me interesé por seguir las observaciones". El genotipo de los vascos y los europeos: a los científicos no les gusta hablar de las investigaciones no publicadas en revistas científicas; menos aun de las no concluidas. Sin embargo, el propio Stoner reconoce que el estudio del virus JC puede aportar datos relevantes sobre el origen de los vascos y que su equipo ha abierto una investigación sobre esta cuestión con ayuda de biólogos españoles. "El tipo del virus JC de los vascos y el del resto de los españoles es el mismo". Comparten también los mismos subtipos; sin embargo, están presentes en diferente proporción, con algunos de ellos presentes en mas altos niveles", explica desde Bethesda, Gerald Stoner. El trabajo no estará terminado antes de dos años y la científica española que colabora en el proyecto no ha podido ser localizada en estas fechas de agosto. No obstante, los estudios de este virus deberán afinar mucho para poder trazar tan minuciosos mapas migratorios. En estas primeras investigaciones, los colegas de Stoner han hallado ya hasta tres tipos diferentes de virus JC en Europa y, de hecho, hay grandes diferencias en el genotipo de los habitantes del suroeste europeo y el norte de nuestro viejo continente.

 

 

NUEVO ANCESTRO DE LOS HUMANOS

Dos millones y medio de años es la edad de los restos, dientes y parte de un cráneo, descubiertos recientemente en Etiopía. Pertenecerían a un homínido hasta ahora desconocido que podría ser el inmediato predecesor de los humanos. Un equipo de expertos etíopes, estadounidenses y japoneses, trabajando en un yacimiento en Etiopía, han encontrado una nueva especie de homínido, de unos 2,5 millones de años de antigüedad, que podría ser uno de nuestros predecesores más cercanos. En el mismo lugar, los científicos han encontrado señales de homínidos (aunque no necesariamente los antes referidos) que utilizaron herramientas de piedra para cortar carne y extraer la médula de los huesos de antílopes y caballos. Es el ejemplo más primitivo del uso de herramientas como auxilio a la comida. El yacimiento se halla en las afueras del poblado de Bouri, a unos dos días de viaje de Addis Ababa. La zona es desértica pero conocida por contener otros hallazgos, incluyendo el homínido más antiguo conocido. La nueva especie ha sido bautizada como Australopithecus garhi y posee rasgos que incrementarán la polémica sobre la rama de la que aparecieron los primeros humanos. La cuestión es que nadie pensaba en que "algo" como el A. garhi apareciera. Algunos investigadores están buscando un Australopithecus africanus en el Africa oriental, ya que se le cree el mejor candidato a convertirse en nuestro más inmediato antepasado, pero está claro que el garhi es distinto, más próximo al famoso Australopithecus afarensis (representado por "Lucy"). Además de los restos de un cráneo y dientes, se han encontrado huesos de un brazo y una pierna de otros homínidos, pero su especie no puede determinarse por falta de piezas dentales, aunque podrían corresponder al mismo A. garhi. Las proporciones de sus extremidades los colocarían a medio camino entre los simios y los humanos. Es decir, mientras que "Lucy" (3,2 millones de años) posee brazos largos en relación a sus piernas, y mientras que el H. Erectus (1,7 millones de años) tiene los antebrazos más cortos y el fémur más largo del hombre moderno, los homínidos de Bouri se encuentran a medio camino. Esto sugiere que el fémur se alargó al menos un millón de años antes de que el antebrazo se acortase, una teoría que habrá que examinar a fondo para ver qué importancia tuvo en la locomoción de los homínidos y su comportamiento. Los no identificados de Bouri, con sus piernas parecidas a los humanos modernos, son los que aparentemente usaban herramientas de piedra para comer los grandes animales que vivían en las cercanías de un desaparecido lago. La extracción de la médula ósea es un hecho que debió marcar una revolución en la dieta, ya que la búsqueda de comida con altos contenidos de grasa pudo propiciar la emigración fuera de Africa y la expansión hacia Europa y Asia.

 

 

Hallan en pleno Manhattan un extraño cráneo

Sorpresa: apareció en un comercio mezclado con otros fósiles; creen que pertenece a un Homo erectus muy avanzado.

El dueño de "Maxilar y Mandíbula", un comercio neoyorquino especializado en rarezas de la naturaleza se sorprendió cuando descubrió que entre las piezas de un lote que había adquirido se encontraba una extraña calavera fósil proveniente del sudeste asiático, probablemente perteneciente a un Homo erectus.

La noticia apareció publicada ayer en The New York Times y es doblemente particular: por un lado, encontrar un cráneo de Homo erectus -lo saben bien los antropólogos- no es precisamente cosa de todos los días. Por otro, los científicos que lo analizaron en la Universidad de Nueva York descubrieron que el fósil posee algunas particularidades que lo vuelven único. El doctor Eric Delson, a cargo del grupo de investigadores, aventuró que podría tratarse del cráneo de un Homo erectus muy avanzado o de un Homo sapiens arcaico. ¿Por qué mencionó estas dos especies?

 

Los primeros viajeros

Tradicionalmente se consideraba que el Homo sapiens (nosotros) desciende del Homo erectus, el cual, a su vez, desciende del Homo hábilis. Pero las cosas han cambiado.

"Ultimamente el esquema se ha vuelto mucho más complejo -explicó la antropóloga Vivian Scheinson, del Instituto Nacional de Antropología, en diálogo con La Nación-. Se ha producido el hallazgo de nuevas especies y hoy todo está en discusión."

En la actualidad, las teorías más firmes dicen que hace una cantidad no definida de tiempo, quizá 500.000 años o más, los Homo erectus abandonaron su Africa natal para dispersarse por el mundo. Durante su diáspora llegaron al sudeste asiático y fue allí donde se extinguieron. No se sabe si, por ejemplo, convivieron con los Homo sapiens que llegaron a esa zona, hace menos de 100.000 años, descendientes de los Homo erectus que habían quedado en Africa.

El cráneo encontrado llama la atención de los investigadores porque presenta, entre otras características, una notoria asimetría cerebral, algo muy avanzado para el Homo erectus. También, por la presencia muy acentuada de una protuberancia donde se asienta la capacidad del habla en el hombre moderno. Esto concuerda con la visión de algunos autores, que, sobre la base de la aparición de un tipo de herramienta muy estandarizada que se repite en cada lugar que pisó este homínido, piensan que tuvo algún tipo de lenguaje limitado. De alguna manera tenían que llamarlo.

"Tradicionalmente se veía al Homo erectus como una especie que no había variado mucho pese al extenso tiempo que vivió (entre 100.000 y 1.200.000 años) -continuó Scheinson-. Pero ese concepto está cambiando, en parte gracias a descubrimientos como el de ahora."

 

 

LA BACTERIA MAS GRANDE

Tan grande que es visible a simple vista. Se la puede encontrar en el medio ambiente marino, donde juega un significativo papel. Un grupo de científicos alemanes, españoles y americanos que analizan los sedimentos en las costas de Namibia ha descubierto de forma casual la bacteria más grande conocida hasta ahora. Este microorganismo es visible a simple vista: es casi tan grande como el punto con el que finaliza esta frase y su tamaño es aproximadamente 100 veces superior al de los microorganismos de mayor tamaño conocidos. Además de espectacular tamaño, la bacteria descubierta es un exótico microorganismo que parece aportar muchos indicios sobre la relación entre dos procesos clave en el medio ambiente a nivel oceánico -los ciclos del azufre y del nitrógeno- hasta ahora considerados mutuamente excluyentes. El descubrimiento se describe en la revista Science. "Cuando comenté este hecho con mis colaboradores, al principio no me creían porque la bacteria era demasiado grande" resalta Heide Schulz, el estudiante de doctorado del Instituto Max Planck de Microbiología Marina que encontró muestras de esta bacteria gigante destacando en medio del sedimento recogido por el barco de investigación. "Dado que he estado trabajando con bacterias raras, en seguida me dí cuenta de que se trataba de una bacteria del azufre". Los investigadores han denominado a la nueva bacteria Thiomargarita namibiensis, que significa "La Perla de Azufre de Namibia". Estos microorganismos almacenan azufre elemental en el interior de la pared bacteriana, así como nitrato en una gran vacuola central, que reluce con un brillo azul verdoso opalescente. Además crecen en cadena por lo que los investigadores los comparan con hileras de perlas. El diámetro de estas células procariotas mide las tres cuartas partes de un milímetro, pero para hacernos una idea de lo grande que son resulta mejor utilizar una analogía: si el ejemplar más grande de Thiomargarita fuera una ballena azul, una bacteria corriente tendría un tamaño inferior a un ratoncito recién nacido. La bacteria más grande conocida hasta ahora -la Epulopiscum fishelsoni, que habita en los intestinos de algunos peces de la familia Teuthididae- sería como un león. Además del autor principal Heide Schulz, también son coautores del artículo de Science los investigadores Timothy Ferdelman y Bo Barker Jorgensen del Instituto Max Planck; Thorsten Brinkhoff de la Universidad de Oldenburg (Alemania); Mariona Hernández Mariné de la Universidad de Barcelona en España y Andreas Teske de la Woods Hole Ocenographic Institution (EEUU). La expedición a las costas de Namibia iba en busca de otras dos bacterias del azufre -Beggiatoa y Thioploca- que ya habían sido estudiadas en las costas del Pacífico en Sudamérica, cuya hidrografía es parecida a la de las costas de Namibia: en ambos casos existen fuertes corrientes oceánicas que se desplazan paralelamente a la plataforma continental en dirección norte-sur. El movimiento hacia el este de la rotación terrestre empuja las corrientes hacia el oeste y causa afloramientos o la ascensión de masas de agua profundas del océano, que son excepcionalmente ricas en nutrientes y sirven de sustento al fitoplancton y, por lo tanto, a otros organismos marinos. Una vez instalados en las costas de Namibia, los investigadores se sorprendieron al detectar lo escasas que eran Beggiatoa y Thioploca. En cambio, en el sedimento abundaban la hasta entonces desconocida Thiomargarita. Tanto Thioploca como Thiomargarita -muy similares desde el punto de vista de constitución genética- se enfrentan al mismo reto ecológico: la oxidación de sulfuros con la ayuda de nitratos. El nitrato está presente en el agua marina, pero no suele llegar a la capa de sedimento pobre en oxigeno y rico en sulfuros en donde estas bacterias tratan de sobrevivir. Su supervivencia es posible debido a que pueden almacenar simultáneamente azufre y nitrato: "Este hecho pone en contacto los ciclos del nitrógeno y del azufre, y quizás hasta un nivel de implicación que hasta ahora se desconocía" afirma Schulz. Esta conexión resulta ser de la máxima transcendencia para poder entender el origen y las características de la vida. El medio ambiente en la Tierra y el mantenimiento de la vida depende del reciclaje constante de ciertos elementos fundamentales, como por ejemplo carbono, nitrógeno y azufre. Los microorganismos son los seres vivos que más participan en estos ciclos debido a su capacidad de llevar a cabo una serie de reacciones químicas de gran importancia, entre las que destacan la oxidación y la reducción. Estas reacciones hacen posible el aporte de esos elementos a los océanos, los sedimentos y la atmósfera, y al final también a otros seres vivos. La bacteria gigante Thiomargarita identificada ahora por estos científicos constituye junto a Thioploca un pequeño grupo de microorganismos que hacen de puente entre los ciclos del azufre y del nitrógeno. Teniendo en cuenta que el sulfuro abunda en las regiones de afloramiento ricas en plancton en donde han sido localizadas las bacterias, Schulz se interroga sobre si "esta vía de oxidación del sulfuro podría ser mucho más importante para el medio ambiente de lo que pensamos". A pesar de sus similitudes, sorprendentemente Thioploca y la gigante Thiomargarita han desarrollado diferentes mecanismos de actuación. Las células de Thioploca forman filamentos que se adhieren entre sí y secretan una envoltura mucilaginosa. Esta cubierta les sirve como un túnel vertical desde el sedimento hasta las masas de agua, y permite que los filamentos de Thioploca se deslicen arriba y abajo entre la fuente de nutrientes del fondo y el nitrato que necesitan para su metabolismo. Por otro lado, los representantes de Thiomargarita no forman filamentos y no son móviles, pero forman cortas cadenas de células independientes unidas por una capa mucilaginosa uniforme. La mayoría de las cadenas observadas por Schulz y sus colaboradores eran lineales y contenían una media de 12 células. Las cadenas más largas de 40/50 células se rompían fácilmente en diferentes partes cuando eran manipuladas, otras pocas se separaban o se enrollaban juntas formando una bola. De manera significativa, Thiomargarita aparecía de forma abundante en un sedimento blando y rico en plancton (una especie de barro fluido y verdoso suspendido en las movedizas aguas oceánicas). Schulz especula que los túneles de Thioploca no se aguantan en este barro, mientras que las bacterias esféricas del grupo Thiomargarita pueden flotar de forma pasiva y almacenar azufre, hasta que casualmente entran en contacto con el nitrato que precisan. Debido a su falta de movilidad, Thiomargarita se arriesga a largos periodos de inanición, algo que parece soportar sin muchos problemas. Tal y como Schulz afirma "no pueden desplazarse, pero a diferencia de Thioploca, son capaces de detener su actividad durante meses hasta que vuelven a encontrar lo que necesitan". Estas bacterias gigantes también son notables por su capacidad de resistir altos niveles tanto de oxígeno como de sulfuros que serían letales para sus cercanos parientes del género Thioploca. Según Schulz, éstas y otras curiosas particularidades motivarán que las Perlas de Azufre de Namibia sean objeto de muchas investigaciones en los próximos años. Información adicional e: http://www.mpi-bremen.de/ Imagen:http://www.mpg.de/news99/news17b_99.JPG (Una única célula de Thiomargarita, junto a una mosca de la fruta, a efectos comparativos.) (Foto: Max Planck Society)

 

 

 

Tras la pista del aluminio

Un trabajo permitiría confirmar que tiene relación con el mal de Alzheimer

El Grupo de Espectrometría Nuclear Discreta del Departamento de Física de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) se ha interesado en el tema.

Un diagnóstico concluyente

El asunto es importante porque, si bien la neuropsicología -disciplina que estudia la relación entre las lesiones cerebrales y el funcionamiento mental- ha aportado ciertos criterios que permiten llegar a un diagnóstico del mal de Alzheimer, la certeza sólo puede ser obtenida una vez que el paciente ha fallecido, a través de un examen anatomopatológico. Por lo tanto, confirmar la hipótesis que exista algún tipo de relación entre el mal de Alzheimer y una elevada presencia de aluminio en el cerebro no pasa, por el momento, de ser una hipótesis entre tantas que esperan pacientemente ser confirmadas o descartadas. Los contados estudios que han abordado este interrogante son poco concluyentes. Los que postulan que los cerebros de los pacientes que padecen el mal de Alzheimer se caracterizan por una presencia elevada de aluminio aportarían algunos elementos para pensar en la posibilidad de diagnosticar de modo concluyente la enfermedad durante la vida del paciente.

Iones, electrones y rayos X

El grupo de físicos de la CNEA que dirige el doctor Andrés Kreiner analiza muestras de cerebros de pacientes con Alzheimer y de pacientes sanos, para medir y comparar las cantidades de aluminio que contienen. Las muestras son proporcionadas por el grupo de investigadores médicos del hospital Santojanni, que dirige la doctora María Elena Levin, y procesadas en la cátedra de Toxicología y Química Legal de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

En el Centro Atómico Constituyentes, el estudio de la muestra se realiza con una técnica llamada PIXE (Particle Induced X-ray Emission). Según el doctor Daniel Hojman, integrante del Grupo de Espectrometría Nuclear Discreta, "ésta es una técnica muy precisa que permite detectar partes por millón (ppm) de ciertos elementos que se hallan presentes en una matriz, y que actualmente tiene aplicaciones tanto en medicina como en arqueología, biología, arte y ciencias de materiales".

El modo de operar de esta técnica que echa mano del acelerador de partículas Tandar es el siguiente: se bombardea la muestra por analizar con ciertas partículas atómicas llamadas iones pesados, lo que produce un reordenamiento de los electrones que da lugar a una emisión de rayos X. Como todo elemento, el aluminio al ser ionizado produce una emisión de rayos X que le es característica y que permite determinar en qué cantidad se halla presente en la muestra.

Hasta el momento, tan sólo se ha analizado un pequeño número de muestras que corresponden a distintas áreas cerebrales de personas con Alzheimer y de otras que no padecían esta enfermedad. Los resultados -obviamente tempranos y provisionales- confirman la hipótesis: el 80% de las muestras de pacientes con Alzheimer contenía un promedio de 6,9 ppm de aluminio, mientras que sólo en un 19% de las muestras de pacientes sanos se encontró aluminio, y en una cantidad normal de 1,9 ppm.

 

 

Nuevas teorías sobre el nacimiento de los agujeros negros

Una nueva evidencia científica soporta la teoría de que las explosiones de muerte de gigantescas estrellas podrían conducir a la formación de los agujeros negros, esos objetos celestiales que tienen una fuerza gravitatoria tan grande que nada puede escapar a ella.

Rufino Yegros (rufino@noticias.com) - Unos científicos han analizado los gases que hay cerca de una estrella que gira en lo que se supone que es un agujero negro, y concluyeron que los productos químicos solo se podían haber originado con la explosión de una supernova.

Los agujeros negros son estrellas super densas cuya gravedad lo atrae todo. Como la luz también se ve atrapada, los científicos no pueden ver un agujero negro, pero pueden "sentir" su presencia por los efectos que tienen en los objetos celestes cercanos.

Se cree que los agujeros negros se forman de dos maneras diferentes: cuando una estrella se queda sin energía y se colapsa, o cuando una estrella moribunda explota.

 

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