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En enero de 1990 pasamos, Flavia y yo, un verano delicioso. Mi trabajo de físico en el instituto durante el año precedente había sido agotador; mi esposa también se hallaba harta de tanta biología. De común acuerdo decidimos tomarnos dos meses de vacaciones pues hacía varios años que prescindíamos de ellas. La costa fue nuestro lugar y cerca del mar buscamos refugio para descansar y distrutar de placeres postergados durante tanto tiempo. En los aledaños de un pequeño pueblo de pescadores encontramos el sitio ideal; una casa modesta pero confortable nos cobijó y a los pocos días el descanso había hecho maravillas con nuestros cuerpos. La tensión se disipó y el murmullo del mar con el graznido de las gaviotas en los atardeceres templó nuestro ánimo. Todo era paz, bonanza, sosiego y amor. Una tarde, a la sombra de unos arbustos, nos hallábamos contemplando la inmensidad del oceáno. Las sombras paulatinamente se alargaban y los resplandores sobre la arena de una desierta playa invitaban al cierre de los ojos y a dejarse sumir en un letargo delicioso. Al despertar, ya las primeras sombras poblaban la tranquila playa; Flavia y yo decidimos cenar temprano para luego salir a caminar por la costa. No sospechábamos que esa cena sería la última tranquila al menos por largo tiempo...
Comimos con mucho apetito mientras escuchábamos música de Mozart, recuerdo que era el concierto para piano y orquesta N°20 por momentos melancólico y hasta dramático tan diferente a la mayoría de las obras de nuestro querido Amadeus; pareció un presagio de lo que vendría luego. Ya entrada la noche salimos Flavia y yo de la casa con la intención de caminar por la costa para aprovechar el suave aire marino y una magnífica luna en un firmamento tachonado de estrellas. Era un placer vagabundear con paso cansino por la arena haciendo la digestión de la opípara cena y contemplando los reflejos de la luna sobre la superficie del oceáno. Toda la playa era un juego de plateados que rebotaban en el agua y en la arena; esa sinfonía de plata culminó con un sonido muy agudo que de pronto taladró nuestros oídos. Instintivamente llevamos nuestras manos hacia la cara pues no resistíamos el zumbido penetrante que lo invadía todo. En pocos segundos el placer se trastrocó en dolor y angustia; además no sabíamos qué estaba sucediendo. El chirrido de pronto cesó. Todavía atolondrados y sin percatarnos del origen de fenómeno acústico tan inusitado, advertimos una masa corpórea delante nuestro. Sobre la playa, a unos cuarenta metros de distancia vimos perfilarse un objeto enorme; la luz lunar se reflejaba sobre el mismo encegueciéndonos. Permanecimos inmóviles durante algunos minutos, aun cuando temblequeábamos imperceptiblemente por efecto de la impresión recibida. Flavia rodeó con su brazo derecho mi cintura y yo la tomé a ella del hombro; nos apretamos con fuerza. Toda la energía de nuestro espanto estaba en ese abrazo. El terror nos paralizó totalmente al ver dirigirse hacia nosotros una forma salida del gigantesco objeto. Sólo lográbamos distinguir una figura similar a nosotros pero al acercarse veíamos cada vez con más precisión que el bulto reflejaba la luz ambiente; no era tan fuerte como los reflejos del enorme objeto posado en la playa pero su luz llegaba a molestar hasta hacer entrecerrar los párpados.
-Me encandila, me encandila-. Gritó Flavia cayéndose.
Yo atiné a tomarla más firmemente por su cintura con ambos brazos y sosteniéndola para evitar que se desplomara, le pedí angustiosamente que intentara controlarse pues súbitamente comprendí que si nos dejábamos ganar por el pánico estábamos perdidos irremisiblemente. Mi atosigado cerebro intuyó que esa forma que se acercaba no respondería a pautas de nuestra lógica. Esa intuición mía salvó nuestras vidas. Logramos quedarnos quietos, en silencio y expectantes. Toda nuestra mente estaba concentrada en mantener la calma; en no dejarnos vencer por el pavor que infundía lo insólito y tremendo de la situación.
Vimos con estupor que la forma, resplandeciente por la luz lunar reflejada, era de metal o algo similar. Semejaba un hombre cubierto con una armadura. Al llegar a unos tres metros de distancia frenó su pausado andar. En un rapto de lucidez yo levanté mi mano derecha señalando la palma a la extraña criatura; mantuve firme la mano así levantada por un largo instante. Ni Flavia ni yo pronunciamos palabra alguna, sólo quietos y mi mano enhiesta. Esa situación duró unos tres minutos que nos parecieron tres horas. Finalmente mi brazo entumecido cayó al costado de mi cuerpo; no podíamos aguantar más y Flavia estaba a punto de desmayarse. En un supremo esfuerzo le susurré: "amor, si caemos seremos muertos; aguanta un poco más".
Si bien mis palabras fueron tan débiles como la escasa fuerza que ya me abandonaba, surtieron efecto en Flavia y también en la criatura que levantó lo que me pareció un brazo. De inmediato sentimos un suave dolor en la cabeza que se llenó con una imagen y caímos desvanecidos. Antes de perder totalmente el conocimiento percibí un sonido agudo pero no estridente y un rayo luminoso azulado partió del objeto. Flavia y yo rodamos sobre la arena de la playa.
Al recuperar la conciencia, comprobé con asombro que Flavia y yo nos encontrábamos en una especie de habitación y no en la arena de la playa.
-¿Dónde estamos?- Preguntó Flavia temblando de miedo y con un delgado hilo de voz.
-Esto parece un recinto metálico. Las paredes son frías, brillantes y resbaladizas. No hay nada blando donde sentarse; intuyo que estamos dentro del objeto gigante que estaba sobre la playa. ¿Donde estará eso que parecía un robot?- Dije con voz quebrada por la intensa emoción y casi tartamudeando.
-¡Qué locura es ésta! Por favor abrázame-. Suplicó Flavia.
-Flavia querida debemos controlarnos, al menos estamos vivos-.
Todo parecía un sueño y no lográbamos comprender la concatenación de los sucesos desde el inicio al escuchar el penetrante chirrido. Traté de recordar los instantes previos buscando alguna relación. Estábamos en la costa bastante alejados de la casa; la oscuridad era total y sólo los reflejos de la luna en el mar y en la arena. Sin darnos cuenta habíamos caminado mucho y sólo nosotros transitábamos la zona.
Luego de varios minutos tratando de recuperarnos comenzamos a valorar la situación. Nos miramos en silencio y súbitamente nos dimos cuenta de que todo era real. No soñábamos. No delirábamos. Ambos percibíamos y captábamos los mismos datos. Paulatinamente nuestro yo consciente adquiría el control de nosotros mismos; en realidad otra cosa no quedaba por hacer.
-Esto parece una nave; ¿será un robot de los norteamericanos?- Fue lo primero que se me ocurrió decir.
-Esa forma que se nos acercó en la playa lo parecía-. Aseveró Flavia que comenzaba a reaccionar con gran esfuerzo.
-Sin embargo el sonido estridente que nos aturdió me es totalmente desconocido. Los aviones supersónicos hacen otro ruido y además carecía del efecto Doppler; la frecuencia permaneció constante; para nosotros el sonido no pasó de frecuencias altas a bajas o viceversa. Fue emitido por algo quieto y no en movimiento. Quizá por el objeto grande o por el robot-. Dije como si estuviera pensando en voz alta.
-Tienes razón; el sonido significa algo, ¿pero qué?-
Nuestro sentido de supervivencia nos hacía reflexionar para evaluar los hechos y poder salir de una situación que, de tomarlo con pánico, era totalmente inmanejable. Pero aun tranquilos ¿podíamos nosotros resolver algo? Intuía que lo único que podíamos hacer era permanecer calmos y ver lo que seguía pasando.
-Si fuera un robot de USA no nos hubieran secuestrado; más bien nos hubieran espantado para que no fisguemos. Y además el sonido puede significar otra cosa diferente, ¿observaste que íbamos caminando y simultáneo con el sonido apareció ese objeto sobre la arena? Es casi seguro que estamos dentro del mismo y nos tienen prisioneros por algo o quizá sólo por entorpecerlos en su accionar. Al menos estamos con vida-. Concluí mirando a mi esposa y buscando su calma en la mía.
Nos pusimos de pie y tanteamos el lugar. El ámbito era de unos cuatro metros de largo por tres metros de ancho; carecía de todo mobiliario. El piso y las paredes eran metálicos pero notamos con extrañeza que la consistencia no era dura, más bien flexible. Hubiéramos asegurado que era goma o algo similar si no fuera por su superficie: lisa, resbaladiza, brillante, fría como el metal y sonaba al golpear también como el metal. Al oprimir se hundía y al cesar la opresión volvía a su lugar como la goma. Goma, metal, ¿qué era eso? Estaba todo iluminado con una luz mortecina que no se detectaba de dónde provenía. Podíamos respirar normalmente y no parecía mermar el oxígeno; tampoco se detectaba de dónde provenía el aire que estábamos inhalando. En suma una habitación totalmente cerrada pero con aire y luz. Nos echamos en el piso y por unos minutos lloramos en silencio; abrazados canalizamos una angustia que nos oprimía el pecho. Llorar nos hizo bien. Hacía mucho que Flavia y yo no llorábamos; en rigor yo había perdido la cuenta acerca de cuándo fue la última vez; tampoco pude recordar la primera vez y las lágrimas son necesarias...
No pudimos precisar cuánto tiempo duró nuestro reposo sobre el piso; quizás una hora. Repentinamente una de las paredes comenzó a moverse, al principio imperceptiblemente y luego con más fuerza hasta hacerse transparente, del otro lado vimos una amplia sala con varias de las criaturas con armadura similares a la que se nos acercó en la playa. La mayoría de ellas estaban frente a una pared o al menos eso nos pareció en un primer momento; luego advertimos que ésa pared no era como las otras: parecía translúcida o mejor semejaba una pantalla pues aparecían rayas y otros signos de un color violáceo pastel muy raro. Súbitamente y sin ver por donde entró, apareció un robot o el ser con armadura de la playa. Sin embargo no era exactamente el mismo; me pareció más bajo y ancho que el anterior. Ahora sí pudimos observarlo detalladamente. Mediría un metro con setenta, aproximadamente, ancho como un hombre robusto y la extraña armadura lo asemejaba a un guerrero medieval pero el material parecía similar al de las paredes. No asustaba su presencia pues nos impactó como un simpático robot ya que se movía pausadamente. Se plantó ante nosotros. Sentíamos que había de su parte una observación similar a la que efectuábamos nosotros; por eso nos manteníamos enhiestos y tratando de no trasuntar emoción alguna. Flavia se puso a mi lado pero, temerosa, tomó mi mano izquierda con fuerza y se mantuvo también impávida. Ambos mirábamos al robot casi sin pestañear. La parte superior coronaba en un casco; la idea de un motociclista me hizo sonreir levemente pero la extraña criatura pareció advertir mi gesto y emitió un leve zumbido al levantar lo que parecía un brazo. En ese momento me di cuenta de que ese "brazo" remataba en una especie de mano con sólo tres dedos, muy brillantes y gruesos. El zumbido cesó y el brazo cayó al costado de la armadura. Yo sentí que una imagen se apoderaba de mi mente; sin darme cuenta, la idea de un campo lleno de flores me embriagó y por un instante escuché compases de la sinfonía N°6, "Pastoral", de Beethoven. Quedé perplejo; volví mi rostro hacia Flavia y ella me susurró: "¿oíste la música?, me pareció "la Pastoral" de Beethoven; ¿de dónde vino?". Rápido pensé en flores, muchas flores; ahora yo podía dirigir mi pensamiento pero seguí la misma línea. Advertí que había sido inducido de alguna manera a pensar en flores. O mejor me llegó esa idea de flores y yo insistí con la misma por mera intuición. Barrunté que algo significaría todo aquello y que sería bueno. El robot comenzó a moverse hacia nosotros hasta llegar a una distancia de un metro y medio aproximadamente. Yo seguía pensando en flores y murmuré al oído de Flavia: "imagina flores, muchas flores; un campo florido y multicolor". Mi mujer me contestó: "hace rato que lo estoy haciendo pero la idea vino a mi mente cuando escuché "la Pastoral". Esteban ¿qué está pasando? Empiezo a sentir un miedo atroz, esa criatura se está acercando".
-Querida, no desfallezcas parece que no busca hacernos daño. Se me ocurre que intenta comunicarnos algo y ello es tranquilo y pacífico; de alguna forma lo asocia con flores. Sigue pensando en flores; no sé cómo pero parecería que capta nuestro pensamiento incluso nos comunica los suyos pues él nos puso la idea y la música-.
En un arranque de máxima intuición comencé a tararear la música de Beethoven en tono bajo pero me salió (mi estado de exaltación era extremado) la novena sinfonía, la oda a la alegría. Sentí un golpe en mi rostro, no obstante el robot no se había movido. ¿Qué me golpeó y quién lo hizo? Calladamente volví a pensar en flores y sin esfuerzo regresó "la Pastoral".
La criatura levantó nuevamente su brazo y me pareció que indicaba una esquina de la habitación. En mi mente surgió la idea de agua en un vaso y Flavia susurró: "tengo mucha sed. ¿Qué haremos Esteban?"
Tomé a Flavia de la mano y muy lentamente me dirigí hacia el rincón que parecía indicarme el robot. No había nada allí. Estaba seguro de que todo el lugar se hallaba vacío. No obstante y luego de un zumbido similar a los anteriores apareció delante de nuestros atónitos ojos algo casi igual a nuestro baño de la casa costera. Casi nada faltaba allí, sólo no estaba el cesto donde poníamos la ropa para lavar. Toqué las canillas y el lavatorio, el inodoro, nuestra bañera y hasta el bidet. No pude más; sentí un mareo y caí, arrastrando en mi caída a Flavia que ya estaba sin sentido.
Al recuperar el conocimiento de lo que pareció un prolongado sueño vi a mi lado a Flavia que acariciando mi cabeza dijo:
-Amor, despertaste por fin. Estaba intranquila. Yo me recuperé hace unos quince minutos y observé que dormías plácidamente. No quería perturbar tu sueño pues pienso que nos hizo muy bien dormir, ¡vaya una a saber cuánto!- Reflexionó mucho más calma y agregó: -Estoy sorprendida; parece que nos cambiaron de lugar; fíjate todo lo que tenemos-.
Me senté sobre el piso con mucha lentitud pues me dolía todo el cuerpo; supuse que el estar acostado sobre el duro suelo durante largo tiempo había producido el dolor. Con estupor observé una habitación diferente a la anterior pues había muebles iguales a los de nuestra casa y en la esquina estaba el baño completo cuya aparición repentina había ocasionado nuestros desmayos. Sin embargo, observando con más precisión, detecté que era la misma habitación pero con el mobiliario de nuestra casa de la costa; hasta la heladera estaba allí...
Durante largos minutos mi esposa y yo miramos perplejos y absortos todo lo que se hallaba ante nuestra vista. Era difícil admitir que todo fuera real. Luego del estupor inicial que duró largos minutos, nos levantamos e iniciamos una recorrida tocando todo. De las canillas salía agua. Agua pura y fresca que tomamos con fruición; jamás el agua satisfizo nuestra sed como en ese momento. Había una mesa con sillas y hasta el sofá de la sala. La heladera estaba repleta con los alimentos que compramos por la mañana. En ese instante empezamos a darnos cuenta de que estábamos perdiendo algo el sentido del tiempo al carecer de puntos de referencia exterior.
Decidimos tranquilizarnos y tratar de analizar lo que estaba sucediendo pues no encontrábamos salida inmediata a la situación. Se nos hacía evidente que estábamos prisioneros o algo por el estilo. Se nos proporcionaba, por el momento, todo lo que necesitábamos para subsistir. No había daño en nuestros cuerpos al menos apreciable a simple vista. Lo más importante: todo lo que estaba acaeciendo era real. Habíamos puesto a prueba todos los datos y (aunque nada entendíamos) absolutamente todo era auténtico y estaba ocurriendo en la realidad. Lo que más me intrigaba era cómo aparecían los objetos. Ninguna ley física podía explicar estos hechos. Ninguna tecnología ocasionaba una aparición de masa en el espacio real. Por supuesto que con las computadoras lográbamos una realidad virtual mas todo es representación mental inducida, no realidad auténtica como la que estábamos viviendo Flavia y yo. Ya se nos hacía claro y evidente que estábamos en presencia de seres no terrestres; mi primera teoría de los norteamericanos pícaros espiando con robots debió ser dejada de lado. Ni siquiera en USA existe o puede existir tecnología como la que veíamos. Y aquí comenzaba el problema básico; tanto Flavia como yo jamás habíamos aceptado la tesis de los "platos voladores". Ningún dato, hasta ese momento, comprobaba tal posibilidad. Todos los objetos voladores no identificados eran explicables ya sea como fenómenos atmosféricos o como ilusiones ópticas o como fantasías de delirantes o de místicos. Ninguna prueba concreta de contactos con seres extraterrestres ni con naves espaciales. Ningún científico serio avalaba tales supuestos. Ni físicos ni astrónomos habían comprobado nunca un solo caso de objeto volador fuera de los conocidos. La posibilidad de pruebas secretas de las grandes potencias se derrumbó con el fin de la "guerra fría" y la caída de la URSS. Ninguna de las dos superpotencias estaba en planes secretos espaciales con tecnología desconocida y tan extravagante como la observada por nosotros. Una duda comenzó a germinar: la posibilidad de vida dentro de esas armaduras. Podían ser robots o máquinas pero también existía la posibilidad de que fueran seres vivos protegidos con esas armaduras o éstas las usaban por algún otro motivo y no por protección. Debíamos Flavia y yo, a pesar de toda nuestra repugnancia, comenzar a analizar la posibilidad de estar en contacto con seres extraterrestres. Al menos partiendo de este supuesto podríamos establecer algún tipo de comunicación con nuestros carceleros. Otra hipótesis de la cual partir no se me ocurría.
Primero tímidamente y luego con énfasis Flavia y yo comenzamos un intento de descifrar el galimatías que se nos estaba presentando. Toda nuestra vida había sido de investigación y análisis; por inercia profesional actuábamos con frialdad inclusive en la vida cotidiana. Para todo buscábamos una explicación racional; en rigor todo tiene una explicación; el hecho de desconocerla no significa que ella no exista. Sin embargo, y a través de mi propia teoría de los niveles, sabía muy bien que la información de un estadio biológico y tecnológico superior no pasaría a uno inferior; nuestra cultura, la humana, no puede pasar al "universo" de las hormigas; no podemos ser hormigas ni actuar como ellas en cambio sí, podemos estudiarlas. Nosotros sabemos de ellas (las hormigas) pero ellas no saben nada de nosotros. La especie superior, biológica y tecnológicamente, puede saber de la inferior pero no puede actuar como la inferior, no puede ser como ella. No es ella. Para la especie inferior el "universo" de la superior es "magia". Los animales domésticos, los perros por ejemplo, ven en el amo todo; para un perro el amo es un dios, al menos actúa como si lo fuera. Y aquí estamos en el meollo de la cuestión. Para nosotros los humanos los, hasta ese momento, supuestos extraterrestres serían como dioses. Esto se acrecienta si la diferencia tecnológica es tan abismal como la que aparecía con los... como los llamaría...
-¿Qué te parece: "euras"?- Pregunté de súbito en voz alta ante la sorpresa de mi esposa que ignoraba la cadena de mis ideas.
-Ya estamos enloqueciendo-. Susurró Flavia con ternura y acariciando mi nuca.
Sonreí para tranquilizarla y le resumí la índole de mis pensamientos anteriores a la pregunta.
-Magnífico, las criaturas desconocidas las llamaremos: "euras"; ignoro como te surgió ese nombre precisamente pero me gusta. No son robots, son seres pues intuyo que dentro de esa armadura hay seres vivos-. Aprobó Flavia con un mohín delicioso que permitió relajarme aún más.
Arrellanados en el sofá de nuestra ahora confortable casa-prisión fuimos culminando un proceso de paulatino control de nuestro yo consciente. Otra cosa no podíamos hacer. Estábamos vivos, sin daño aparente hasta ese momento. La única posibilidad que restaba a dos científicos como nosotros era mantener la calma y analizar todo paso a paso; con el objetivo final de recuperar la libertad y salvar la vida que intuíamos estaba muy comprometida. Flavia y yo éramos los partícipes de un suceso que jamás habíamos considerado posible ni siquiera como supuesto. Yo estaba seguro de que si en el primer momento, en la playa, hubiéramos corrido presas del pánico habríamos muerto de inmediato. Ya estaba comenzando a prever que los "euras" eran criaturas o formas de vida totalmente ajenas a nuestro contexto.
-Querida Flavia, debemos mantener nuestro ánimo firme y tratar de usar el razonamiento al máximo. Nuestra vida depende exclusivamente de ello. Los "euras" tienen con respecto a nosotros quizá millones de años de diferencia evolutiva. Ignoro de dónde proceden. Probablemente jamás lo sabremos. Su "universo" es ajeno al nuestro. Su información jamás podrá transferirse a nosotros y tengo firmes sospechas de que nos mantienen con vida por algo que hicimos-. Quise iniciar de esta forma un intercambio de opiniones con mi mujer.
-Algo hicimos; yo también estoy segura. Estoy de acuerdo contigo que es una forma de vida consciente e inteligente pero de una orientación totalmente diferente a la nuestra. Intuyo que sólo manejan datos. Reaccionan ante datos en este aspecto parecen máquinas. Sin embargo fíjate que conocen nuestro pensamiento. Lo que se denomina comúnmente "telepatía" (y que estamos totalmente de acuerdo, querido Esteban, no es de existencia real en nuestro "universo" humano) parecería que ellos la practican de algún modo. Probablemente a través de alguna tecnología-.
-Es verdad. La idea de las flores fue inducida al principio por ellos. Como observé tranquilidad en el comportamiento del "eura" yo luego insistí con la misma. Presumo que podría significar "paz" o algo similar. Pero la idea la sacaron de mi cerebro lo mismo que la música de Beethoven. Yo siempre identifico la paz y la tranquilidad con un campo de flores y La Pastoral de Beethoven. Y eso es lo que ellos "extrajeron", ¡vaya uno a saber cómo!- Expresé perplejo.
-Es probable que la única forma de comunicación con ellos sea así: pensando algo en forma persistente y que ellos lo capten. Quizá lo del baño sucedió igual. Yo tuve deseos de tomar agua y también de orinar. Recuerdo que fugazmente pensé en nuestro baño y apenas pude contenerme. ¡Cómo lo harán!- Culminó Flavia con profundo interés.
-¿Cómo harán qué?- Pregunté amoscado por mi ligera distracción.
-Lo de hacer aparecer el baño y todo este mobiliario-. Contestó mi mujer sin advertir mi desatención.
-Flavia, yo dije antes que podría haber millones de años de diferencia evolutiva con respecto a nosotros y no fue una cifra tirada al azar. Todo lo que hacen y que a nosotros nos parece "magia" tendría una sola explicación: logran llevar masa de un sitio a otro sin viajar. Lo llamaría transferencia de masa. En principio quédate con esta frase-. Puntualicé con expresión enigmática pues quería investigar todavía más.
-Entonces todos los supuestos contactos que mucha gente dice tener con extraterrestres ¿son ciertos? ¿Los equivocados éramos nosotros?- Inquirió Flavia con gesto de duda.
-Ahora deberíamos reexaminar todo. Aunque la inmensa mayoría de los casos pienso que son fraudes o delirios de místicos debe haber un porcentaje de casos similares a éste. Incluso se me ocurre que a algún científico podría haberle sucedido pero calló por algo-. Reflexioné con cautela.
-¡O no están vivos!- Gritó espantada Flavia.
Ambos caímos en un silencio mortal. Dialogando y sin darnos cuenta fuimos llegando a un punto de inflexión que entraba dentro de lo posible. El miedo retornó rápido. Como una saeta la idea de la muerte nos hirió y paralizó nuestro ahora tonto diálogo. Sí, la estupidez humana al desnudo. Dos ingenuos filosofando mientras la vida pendía de un hilo. Presos en jaula de oro. ¿Por qué y para qué? ¿Acaso preparándonos para un sacrificio letal?
¡Cómo pasábamos de la calma al espanto! ¡Del razonar frío a la emoción más exaltada! ¡De la lógica al instinto!...
Simplemente éramos seres humanos en situación límite. Todo eso nos metamorfoseaba. La parte más primitiva de nuestro cerebro que en la vida cotidiana no actuaba, allí, en esa nave y con seres desconocidos, nos hacía trizas.
Largos minutos estuvimos en ríspido silencio. La garganta se apretaba y por momentos el aire no llegaba a los pulmones libremente. Esto hizo terminar la controversia interior que nos apabullaba. Sospeché falta real de oxígeno en la habitación lo cual me hizo reaccionar con un brinco. Lo mismo le sucedió a Flavia.
-¡Nos estarán asfixiando!- Grité despavorido.
-Ya..., ya está pasando; vuelve el aire... Me tranquilizó Flavia acariciando mi cabeza.
Mi querida Flavia sabía que los médicos forzaron mi momento de nacer; esa carencia de aire inicial traumatizó mi vida luego. Percibía antes que nadie la falta de aire y quizás eso salvó nuestras vidas en ese instante pues, como antes, apareció súbitamente el "eura-1" (sí, llamaré así al único ser que se contactó, por decirlo de alguna forma, con nosotros). Permaneció a escaso metro de nosotros y extendió su "brazo"; simultáneamente se escuchó un silbido muy agudo que hizo bajar nuestras cabezas. En mi mente surgió la idea de comida y luego de un paseo. Imaginé pasear por la nave luego de comer, tomado de la mano con Flavia. De inmediato me di cuenta de lo que estaba sucediendo y continué pensando en la misma idea al mismo tiempo que le pedía a Flavia me imitara. Era evidente que "eura-1" me estaba invitando a conocer la nave. Tan insólito hecho me colmó de dudas pero no quedaba otra cosa que aceptar. Estábamos a su merced y no se podía, por el momento, seguir nada más que sus indicaciones. Mientras "eura-1" permanecía estático y ya con su "brazo" al costado, le murmuré a Flavia rozando su oreja: "comamos pronto algo. Cumplamos este requisito pues me pareció que para él es esencial".
Flavia se dirigió con parsimonia a la heladera y tomó una bandeja cerrada hermética que contenía pollo y ensalada. Nos sentamos a la mesa con movimientos muy lentos y también con pesadez fuimos saboreando o fingiendo hacerlo (ambos teníamos un nudo en el estómago) la comida. De soslayo mirábamos a "eura-1" que parecía también "observarnos"; el "casco" que coronaba su "cuerpo" era un reflejo impávido. Absolutamente nada que pudiera ser facciones o rostro aparecía en ese casco. Estábamos muy cerca y sin embargo la coraza que revestía toda la forma de ése ser era impenetrable a nuestra observación. La mejor manera de definir a eso era: robot. Para mí era una máquina pero sabía que Flavia no pensaba igual. Ella consideraba que dentro había una forma de vida y que la armadura les servía para algo; quizá para perpetuarse en el tiempo pues no se advertía nada que pudiera parecerse a sexo o formas sexuadas distintas. Todos eran iguales; sólo diferían en el tamaño. Anteriormente habíamos visto a otros sobre los "tableros" en la sala gigante. Flavia regresó junto a la heladera con la bandeja casi intacta. Muy poco habíamos comido; pero al menos nos serviría para mantener nuestras fuerzas. Parecía que "eura-1" sabía de nuestra necesidad de alimento para subsistir. En su casco no se advertía abertura de ningún tipo. Se nos hizo evidente que ellos no ingerían nada; esta idea surgió de repente en mi mente y pienso que fue introducida por "eura-1"; al momento Flavia me susurró: "ellos no comen. Estoy segura".
-Parece que la comunicación se hace más fluida-. Manifesté en voz baja y Flavia asintió con la cabeza.
-Piensa intensamente en un largo paseo por la nave-. Solicité recalcando largo con énfasis y elevando el tono de voz.
Al elevar el tono "eura-1" se movió hacia nosotros y su actitud me pareció amenazante; de inmediato dije en un susurro: "piensa en flores, piensa en flores... un campo con muchas flores..."
A escaso medio metro de distancia "eura-1" frenó su avance cuando también se interrumpió un silbido incipiente que provenía del robot.
No obstante sentí cómo una cachetada daba en mi rostro. Giré la cabeza ante el golpe y comencé a tararear "la Pastoral" pero no podía hacerlo bien. Flavia me secundó admirablemente y con su voz de soprano continuó canturreando. La escena era grotesca pero de un intenso dramatismo. Un miedo incomprensible se había apoderado de mí. Felizmente Flavia conservó la calma y siguió con Beethoven. La idea de un campo florido retornó a mi mente con fuerza; no era inducida, yo la estaba produciendo. Me recuperaba rápidamente.
Estuvimos los tres largo rato enfrentándonos. Quietos y tratando de permanecer, mi esposa y yo, lo más impávidos que nos era factible.
Repentinamente "eura-1" giró y comenzó a transitar hacia una pared; la idea de seguirlo surgió nítida y acompañamos con suma lentitud todos los movimientos de la criatura. La pared se diluyó sin dejar rastro alguno. Con sorpresa penetramos en la gran sala. Aparecían y desaparecían objetos extraños que me parecieron artefactos; era sorprendente pero real. En un espacio vacío de pronto aparecía un "eura" o un artefacto que al instante emergía en otro lugar desapareciendo del primero. Comencé a marearme por todo el movimiento de objetos; Flavia se aferró a mi brazo y susurró: "amor, ¿qué está pasando? Estoy por desmayarme".
-Conserva la calma. Rodea mi cintura con tu brazo y camina muy despacio. Están tratando de confundirnos con su despliegue o simplemente nos ignoran y trabajan a su modo-. Recalqué también con un susurro. Ya había aprendido que nuestras voces los perturbaban. -Miremos todo en silencio-. Agregué más tranquilo al percibir que en realidad los "euras" nos ignoraban totalmente, salvo si producíamos sonido de palabras no musical.
En ese momento tuve un atisbo de algo inquietante.
Los "euras" no usaban lenguaje; sólo representaciones de imágenes; intuí que su pensamiento era visual no abstracto; quizá su tecnología los llevó por ese camino. Pero entonces ¿las matemáticas les serían también desconocidas? Mayor abismo entre ellos y nosotros. Yo siempre había pensado que el lenguaje matemático sería universal; pero se me hacía evidente en ese instante que era simplemente un invento del hombre. La teoría de los niveles con su máximo y frío esplendor. No había delfines matemáticos, no había "euras" matemáticos. Pero, ¿qué hacían apareciendo y desapareciendo como si se desmaterializacen? También los presuntos aparatos se deshacían en el aire. Al ver de pronto una especie de consola me acerqué con sigilo, llevando siempre a Flavia aferrada a mí. Tendí mi mano tocando algo parecido a un teclado pero de teclas enormes. Era sólido, pero de idéntico material a las paredes. En rigor todo era del mismo material; sólo variaban las formas. Retiré prontamente mi mano pues no deseaba ocasionar problemas, simplemente constatar si eran objetos sólidos. A los pocos segundos desapareció la consola. Observé en una pared algo similar a una pantalla de televisión (siempre del mismo material); aparecían figuras extrañas en esa presunta pantalla; no entendí su significado. Nuestro "paseo" no era perturbado por nada ni por nadie. Paulatinamente fuimos tomando confianza y caminamos por toda la sala; al llegar a alguna pared ésta se diluía a nuestro paso y parecía como si la sala continuase. Para nosotros lo único que tenía significado era "nuestro cuarto". Sí, la habitación donde estaban nuestras cosas. Nuestro y querido mobiliario. Pensamos en regresar. El "paseo" nos había hastiado. Yo estaba mareado y no había logrado comprender nada. Mi Flavia, mi querida Flavia se apretaba junto a mí con marcado cansancio. Cerré los ojos por un instante y pensé intensamente en nuestro cuarto. Al abrirlos nos hallábamos de regreso en él...
Al encontrarnos con los objetos conocidos recuperamos el sosiego perdido; el simple hecho de estar en contacto con nuestras cosas nos proporcionaba una sensación de gran seguridad; era la única vinculación con lo específicamente humano. La importancia de esos enseres fue determinante. Teníamos hasta el ropero donde se hallaban las ropas y los bolsos de viaje. Sin hablar, en un acto casi ritual, Flavia y yo, nos cambiamos de ropa. Al colocarme unas zapatillas nuevas surgió en mi mente la idea de la gravedad.
-Tengo la sensación de que la gravedad terrestre no es la misma dentro de este objeto. Me siento ligeramente más liviano. Esto puede traernos problemas si este encierro se prolonga-. Dije en voz baja pues ambos habíamos aprendido que el sonido de las palabras afectaba de algún modo el "universo eura".
-Yo no advierto ese efecto que mencionas pero podría ser. Lo que sí me preocupa sobremanera es tratar de comprender este incipiente método de comunicación mental. Estoy convencida de que los "euras" no manejan lenguaje sonoro de ningún tipo; no usan palabras, letras ni nada por el estilo. Parecen ideográficos pero esas presuntas ideas no son como las nuestras. Intuyo que no tienen representaciones mentales de objetos definidos; más aún considero que sus objetos son cambiantes. Estoy muy asustada-. Culminó Flavia con voz queda y clara congoja.
-Debemos acostumbrarnos a lo insólito pues nada de lo que aquí sucede es entendible ni siquiera adecuado a nuestro mundo o concebible con la más rica fantasía. Por ello pienso que estos seres tienen una diferencia de tres millones de años con respecto a nosotros y que además evolucionaron de manera diferente en su tecnología. Ellos "rompen" la materia; luego la recomponen pero no siempre sale lo mismo. Los elementos tienen una estructura molecular constante para ser cada cosa lo que es. Ellos desmaterializan (por decirlo de una manera gráfica) y luego lo "arman" en otro sitio; ¿cómo hacen para mantener los átomos correspondientes en una idéntica organización? Lo ignoro pero intuyo que mucho no les interesa. Agrupan pero no exactamente igual; puede haber ligeras variantes y la forma reasumida ser otra. Esto es peligrosísimo si lo hacen con nosotros; salvo que en este supuesto tengan un cuidado especial... lo cual es una incógnita. ¡Qué tanto les interesamos; esta es la cuestión!- Manifesté temeroso por el futuro inmediato.
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