¿Porqué los adultos pierden sus ideas?
Autora: Patricia Mónica "Lisa" Sartor



Un día conversando con un filósofo éste me dijo:
"A veces me pregunto si el uso peculiar del lenguaje con jerga nueva que impone cada generación inventando términos, no es una manera de producir una brecha de incomprensión.
De hecho los adolescentes tienen modos de hablar que no desean que sean compartidos con los adultos, y esa es una etapa típica. Pero si le sumamos que el lenguaje va de la mano del pensamiento y de la comprensión, entonces hay algo interesante sobre las brechas generacionales."

A esta expresión se me ocurre reflexionar ¿será que cada generación descubre, una tras otra, que este mundo no está bien construido y quiere diferenciarse, como quien marca un nuevo territorio, inventando términos que dejan afuera a aquellos que no quieren aceptarlos o que son demasiado conservadores como para permitirse pensar? ¿será que quieren construir un mundo paralelo donde sólo vivan los que sienten y piensan como ellos?

Pero ¿qué pasa con esos adolescentes cuando pasan los años? para responderme tengo ejemplos, veo a los adolescentes de fines de los ’80, o sea, a mi generación, a mis amigos y compañeros de escuela, los recuerdo con mucha rebeldía, con muchas ganas de construir un mundo mejor, pero al abrir los ojos los veo cambiados, hoy muchos de ellos son personas conservadoras, que no se juegan por sus ideas (¿será que ya no las tienen?), que almacenaron en la mochila de la secundaria todos sus ideales y hoy caminan por los caminos pretrazados por otros.

¿A dónde quedaron las ganas de cambiar el mundo? ¿a dónde se fueron los sueños de juventud? ¿es un castigo de los dioses, que tal como condenaron a Prometeo por haber querido adueñarse del fuego, nos condenan a nosotros a soñar un mundo nuevo para nunca concretarlo? ¿es el castigo que recibimos porque Eva comió la manzana del Edén?

Yo no creo en dioses, entonces tengo que buscar una respuesta más cercana a la vida humana, porque esas respuestas no me alcanzan.

Los miro y los veo raros, sus ojos ya no brillan, no descubren en las canciones de los adolescentes (que son sus hijos) una forma de expresión y de contar la historia, piensan que pierden el tiempo porque se sientan a tocar la guitarra en la vereda... ¡si nosotros hacíamos lo mismo! Esta gente, que hoy veo y no reconozco, eran mis amigos, hoy son contadores, abogados, médicos, ingenieros, algunos químicos, pocos docentes, poquitos investigadores, ninguno físico, menos aún filósofos. Y no se salva casi ninguno, hoy no se puede hablar con ellos...

¿Y entonces? Yo lo resuelvo fácil, me hago amiga de gente más joven y se terminó el problema, al menos 10 a 15 años menores que yo, y con ellos puedo conversar, descubro que tienen neuronas despiertas, con ganas de pensar, de preguntarse cosas, pero ya cambié dos veces la generación de amigos ¿qué está pasando? ¿por qué se atrofian las neuronas cuando la gente forma una familia? ¿por qué a mí no me pasó? También tengo mi familia, ¿qué es lo que hizo que ellos maduraran y yo no? ¿cuánto podrá durar esta estrategia de renovar las amistades? ¿es que uno "debe" madurar para vivir?

El filósofo habla de una brecha de incomprensión... yo veo que la incomprensión la construimos los adultos, al ser conservadores, porque no tendemos puentes hacia los jóvenes y es obvio que ellos nos contesten cerrándonos la puerta.

Comparto su visión de que el lenguaje va de la mano del pensamiento y de la comprensión, y pienso que el pensamiento adolescente es más libre, es más, me animo a decir que el joven todavía piensa, ¿será que la entropía del universo nos condena a perder la posibilidad de pensar por nosotros mismos y nos lleva a aceptar los paradigmas dominantes? ¿los adultos somos tan flojos como para no tener ganas de pensar? ¿o se nos desordenan tanto las ideas que no podemos hacer otra cosa que seguir la corriente? ¿es un problema de imanes o del "éter" que nos arrastra? Todo esto me hace pensar que las cosmovisiones que contienen este tipo de sustancias que lo inundan todo, llamadas dioses, éter, fuerzas electromagnéticas con características físicas, en fin, estas cosmovisiones son las que tienen más éxito en el mundo cotidiano, con la gente común, porque coinciden con lo que casi todos esperan que suceda en sus vidas y coincide con un deseo muy grande de la humanidad, que es el que otros piensen por ellos, para no tener que preocuparse ni ser responsables de sus actos. Esta parte de mi reflexión es la que más me indigna, porque al contrastarla con la realidad veo que muchas veces es así.

Y a mí me parece que tener ideales o querer hacer un mundo nuevo no es contradictorio con el ser responsables, y los adultos muchas veces pensamos eso, entonces decimos que los adolescentes no se comprometen con nada, pero ¿es realmente así? Para nada, sí que se comprometen, con sus ideas, con sus propios fines, son solidarios, compañeros, se autogestionan, se ayudan, entre ellos, en sus grupos, se prestan ropa, zapatos, mochilas, se buscan trabajo y se ayudan con el estudio, a su modo, eso sí, y no se perdonan traiciones. Tienen muchos valores que los adultos no sabemos descubrir, sólo porque no nos responden cuando nosotros queremos que lo hagan. Otra vez el tiempo, como si el tiempo de hacer alguna cosa estuviera definido y predeterminado por el dueño del poder, por ejemplo en el aula o la familia. Es cierto que son un poco egoístas, pero ¿y nosotros los adultos? también lo somos y no quiero meterme a mirar el egoísmo de los adolescentes y compararlo con el de los adultos, porque el de ellos es un egoísmo de grupo, y el nuestro es un egoísmo de uno y no me gusta nada descubrir esto, no me gusta.

Frecuentemente suelo tener expresiones simpáticas en mis conversaciones y una de las más destacadas en los últimos tiempos es “tengo ganas de quererte”, la dije en un viaje de unos 20 km y, luego de reírnos un buen rato, nos pusimos a pensar, ¿son las ganas lo que mueve a la humanidad hacia los cambios? ¿será que cuando se pierden las ganas se pierde la posibilidad de pensar en mundos diferentes? ¿será que entonces sólo queda el obedecer y ejecutar órdenes? ¿por qué algunos no pasamos por esta evolución tan “normal” de la mente humana? ¿estamos fallados genéticamente? ¿tenemos taras ideológicas? ¿estamos condenados al pensamiento perpetuo? ¿se nos trabó el egoísmo en un egoísmo social que no nos deja caminar hacia el egoísmo de uno? ¿se nos perdió el GPS o estamos en el polo con un norte que da vueltas alrededor de nosotros sin marcarnos la dirección obligatoria?

Me gusta más pensar que lo que pasa es que no perdimos el bosque y que nos obligamos a verlo además de ver el árbol que está en nuestro camino, con un ejercicio “gánico”, curioso, pleno de diversión en cada paso de descubrimiento y pleno de humildad cuando nos damos cuenta de que lo que hicimos no fue lo mejor, un ejercicio de desprendimiento de las prenociones que condicionarían la opinión, en un acto voluntario y “gánico”, como el de Darwin, al que le costaba tanto desprenderse de su idea de una divinidad creadora. No es que sea fácil, es ejercicio, es juego de cintura, es no caer en lo más fácil, ¿por qué no lo harán todos? ¿por qué? ¿será porque los seres humanos somos naturalmente cómodos?


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